El triunfo de Boca por 1-0 ante Talleres dejó mucho más que tres puntos. Aunque el gol de Adam Bareiro definió el resultado, todas las miradas se las llevó un nombre que viene creciendo a pasos agigantados en el equipo de Claudio Úbeda.
Se trata de Tomás Aranda, el juvenil de apenas 18 años que se transformó en el motor futbolístico del Xeneize. En un equipo que venía mostrando irregularidades, su aparición cambió la dinámica y le dio claridad en momentos clave.
La postura de Úbeda que llamó la atención
Tras el partido, el entrenador fue consultado directamente por el rendimiento del joven, pero su respuesta sorprendió a más de uno. Lejos de llenarlo de elogios públicos, eligió la cautela.
“No quiero hablar demasiado de él para protegerlo”, afirmó, dejando en claro que su intención es cuidar el proceso del futbolista y evitar una exposición excesiva en esta etapa de su carrera.
El análisis del DT sobre su joya
Más allá de esa decisión, Úbeda sí dejó entrever lo que piensa del mediocampista. “Es un chico joven con una proyección importante, entiende el juego, trabaja mucho y tiene hambre de ganar”, explicó, destacando varias de sus cualidades.
El DT también remarcó su inteligencia táctica y compromiso defensivo, aspectos que lo convierten en una pieza cada vez más importante dentro del esquema del equipo.
Números que respaldan su crecimiento
A pesar de su corta edad, Aranda ya empieza a consolidarse en Primera. Acumula 552 minutos en 11 partidos, entre el Torneo Apertura y la Copa Argentina, con un gol en su cuenta.
Sin embargo, su impacto va más allá de las estadísticas. Su influencia en el juego fue determinante para que Boca mejore su funcionamiento en este inicio de año.
Con un presente prometedor y el respaldo del cuerpo técnico, el nombre de Tomás Aranda empieza a instalarse fuerte. Y aunque Úbeda intenta bajarle el perfil, su crecimiento ya es imposible de ignorar.
