La conductora Georgina Barbarossa guarda un tesoro personal en las sierras cordobesas: una propiedad en Villa Giardino que bautizó «El Refugio Giardino» y que tiene una historia cargada de emoción. La construyó junto a su esposo Miguel «El Vasco» Lecuna, fallecido en 2001, con un sueño claro en mente. «Decíamos que cuando fuésemos viejitos nos íbamos a venir a vivir acá», recordó Georgina con la voz quebrada al hablar del lugar.
Así es la casa de Georgina Barbarossa
Emplazada en más de una hectárea rodeada de árboles y paisaje serrano, la propiedad es mucho más que una casa de descanso. Es el lugar donde Georgina se desconecta del ritmo frenético de Buenos Aires y se reconecta con la calma, con la naturaleza y con los recuerdos del hombre con quien soñó ese futuro compartido que el tiempo interrumpió demasiado pronto.

El exterior de la propiedad es simplemente impresionante. Una pileta de gran tamaño, un jacuzzi con deck de madera, reposeras y sombrillas enmarcan un escenario que parece sacado de una revista de decoración de lujo, todo con las vistas privilegiadas de las sierras cordobesas de fondo. Un rincón que invita a quedarse y que Georgina disfruta en cada escapada que puede.
El parque también incluye senderos naturales y una huerta propia, detalles que consolidan ese estilo de vida campestre y auténtico que la conductora abrazó con convicción hace años. Lejos del ruido mediático y de los sets de televisión, Villa Giardino es el espacio donde Georgina es simplemente ella.

Dentro del mismo predio existe además una segunda cabaña que la conductora alquila durante la temporada de verano, convirtiendo el refugio en un lugar que también comparte con otros visitantes. Una decisión que habla de su generosidad y de las ganas de que ese espacio sea disfrutado más allá de su propio círculo íntimo.
El resto del año, sin embargo, El Refugio Giardino queda reservado para Georgina, su familia y los recuerdos de un sueño que comenzó de a dos y que hoy ella sigue honrando con cada visita. Un lugar que tiene el lujo de las sierras, pero sobre todo el valor de lo que no tiene precio.
