Desde este lunes 4 de mayo, viajar en colectivo y subte en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) aumentaron 5,4%, en línea con el esquema de actualización mensual vigente. En ciudad de Buenos Aires, el boleto mínimo de colectivo pasó a costar $ 753,86 para trayectos de hasta tres kilómetros. En tanto, en provincia de Buenos Aires, el mínimo subió a $ 918,35, manteniendo la brecha entre ambas jurisdicciones.
Por su parte, el subte, en todas sus líneas que circulan por numerosos barrios de la ciudad de Buenos Aires, alcanzó un valor de $ 1.490,36 por viaje con tarjeta SUBE registrada, consolidándose como uno de los medios más costosos dentro del sistema de transporte urbano. En tanto, el Premetro pasará a $ 521 con tarjeta SUBE registrada ($ 829 sin nominalizar).
El impacto en el bolsillo
El esquema actual de tarifas se basa en una fórmula de indexación automática que combina el índice de inflación (IPC) con un adicional de dos puntos porcentuales. Este mecanismo, implementado a comienzos de 2026, se aplica tanto en la Ciudad como en la Provincia, aunque no alcanza a las líneas de jurisdicción nacional, que continúan con un esquema propio definido por la Secretaría de Transporte.
El aumento del transporte no solo acompaña la inflación, sino que en muchos casos la supera. En el último año el costo del transporte urbano acumuló subas del 39,47% en la Provincia y del 27,01% en la Ciudad, según el Observatorio de Tarifas y Subsidios del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP – UBA/CONICET), consignó NA.
En este contexto, el gasto en movilidad se volvió cada vez más significativo para los hogares. Una familia tipo del AMBA destinó en marzo un promedio de $ 101.026 mensuales al transporte público, convirtiéndose en uno de los principales gastos dentro de la canasta.
Menos viajes, más ajuste
El incremento sostenido de tarifas también tuvo un impacto directo en el uso del transporte público. En marzo se registró una caída del 11% en la cantidad de pasajeros, mientras que en abril fue de 21%. Este fenómeno refleja cómo la suba de costos y la reducción de subsidios afectan los hábitos de movilidad, en un escenario donde cada vez más usuarios ajustan sus traslados para reducir gastos.
