En el marco del juicio por la Causa Cuadernos, declaró este martes Hilda Horovitz, expareja del chofer Oscar Centeno. En su declaración, Horovitz dijo que guardó copias de las anotaciones de Centeno para resguardarse legalmente, ya que la relación sentimental con él era predominantemente mala y, además, ella figuraba como su testaferro.
La mujer explicó que Centeno anotaba todo en su vida cotidiana. Además de los famosos cuadernos de las coimas, el chofer anotaba cada gasto que hacía para su familia. Horovitz explicó que las anotaciones y filmaciones del chofer servían de seguro «por si lo dejaban sin trabajo».
La testigo declaró por más de seis horas hasta que la fiscalía le mostró unos audios de archivo que ella le había enviado a Quiroga y mencionaba a su padre adoptivo. En ese momento, Horovitz se quebró en llanto y no logró recomponerse. «No sabía que iba a nombrar a mi viejito», expresó entre sollozos. Sin posibilidad de continuar con la declaración, la audiencia finalmente quedó suspendida.
Los cuadernos de Centeno que Baratta hizo desaparecer
La expareja de Centeno explicó en su declaración que recurrió a Miriam Quiroga, la ex secretaria de Néstor Kirchner, para que le guarde la copia de las anotaciones que ella había hecho y que la ayude a llegar a los medios. Sin embargo, Horovitz declaró: «Miriam Quiroga se los dio a Baratta y él los hizo desaparecer. Los quemó, los tiró, no sé qué hizo con esos papeles».
Luego, la testigo contó que hacia el año 2011, impulsada por el propio Centeno, ingresó a trabajar en el área de Yacimientos del estado, dentro de la órbita del Ministerio de Planificación. Más tarde, con el cambio de gobierno (gestión de Macri), pasó a la secretaría de Minería y Energía. No obstante, Horovitz declaró que «obviamente» fue desvinculada cuando realizó la denuncia en Comodoro Py contra su exmarido.

«Centeno guardaba la plata en el dormitorio, pero yo no sabía cuánta»
Al ser consultada por la fiscalía sobre si había tenido contacto directo con el dinero en efectivo, Hilda Horovitz negó rotundamente haber presenciado los movimientos de fondos. «Yo me enteraba cuando ya estaba toda hecha la operación. No, yo no vi ni el bolso con plata, no vi nada con plata». De todas maneras, la testigo amplió su declaración: «Decía que Baratta le daba migajas y se ponía como loco… y se iba al dormitorio y guardaba la plata, pero yo no sabía cuánta plata».
