Se trata, sin lugar a dudas, de uno de los periodistas y conductores más importantes y reconocidos de nuestro país. Y es que Sergio Lapegüe ha sabido muy bien de qué manera ganarse el cariño de la gente que actualmente lo siguen en América TV y A24.
Esta vez, delante de sus seguidores compartió un ritual de la abundancia. «Todos queremos abundancia. No solo dinero: también claridad, tranquilidad y esa sensación de que las cosas fluyen. Y, aunque suene simple, hay tradiciones muy antiguas que intentan acercarnos a ese estado a través de pequeños gestos cotidianos», afirmó.
«Una de ellas tiene como protagonista al laurel. Sí, la misma hoja que usamos para cocinar. Según el feng shui —y otras creencias que vienen de hace siglos— no es solo una planta aromática: es un símbolo de protección, éxito y prosperidad. Se la asocia con la buena energía y, sobre todo, con la capacidad de tomar decisiones con mayor claridad», sostuvo Sergio Lapegüe.
«Por eso, el comienzo de mayo suele aparecer como un momento clave para activar estos rituales. El gesto es sencillo: colocar hojas de laurel en la puerta de entrada de la casa. La lógica es clara: si por ahí ingresa la energía, también puede filtrarse lo que queremos atraer. Un pequeño recordatorio visible de que estamos abiertos a lo que viene», indicó.
Inmediatamente, Sergio Lapegüe dio más detalles. «Hay variantes más discretas, pero igual de populares. Guardar una hoja de laurel seca en la billetera o en la cartera, por ejemplo, es un clásico. La creencia dice que funciona como un imán simbólico para el dinero y ayuda a ordenar todo lo relacionado con la economía personal. No hace falta mucho más que eso: una hoja, elegida con intención, y el hábito de llevarla encima», apuntó.
«Otro espacio que entra en juego es la cocina. No es casual: representa la nutrición, el sustento, lo que sostiene la vida diaria. Tener un frasco con hojas de laurel a la vista —cerca de la alacena, donde guardamos los alimentos— refuerza esa idea de abundancia doméstica, de hogar que provee. Puerta, billetera, cocina. Tres lugares, tres gestos mínimos. No hay garantías, claro. Pero sí algo interesante: la intención que se pone en cada uno. A veces, ordenar lo simbólico también ayuda a ordenar lo concreto. Y, al final, queda la frase, medio en broma, medio en serio: que sean eternos los laureles. Porque, de alguna manera, todos estamos buscando eso», finalizó.

