(Por Diego Nofal).- “No hay peor impacto ambiental que la pobreza”, repite Raúl Jalil como si la actividad extractiva representara la única salvación. Sin embargo, los propios datos demuestran que dos décadas de minería en Catamarca no lograron corregir las carencias estructurales: simplemente generaron un modelo dependiente y pasajero.
El gobernador promueve el litio, el cobre y el oro con un argumento atractivo, aunque la realidad indica que la provincia se convirtió en la única del país con decrecimiento económico acumulado.
La estadística derriba el relato oficial. Las proyecciones indican que el 45,8?% de los habitantes del Gran Catamarca se encuentra bajo la línea de pobreza y la indigencia trepa al 9,6?%. La administración reconoce un desempleo abierto bajo, del 3,8?%, pero oculta que dos de cada diez trabajadores necesitan una ocupación adicional para llegar a fin de mes. Mientras el gobernador defiende el modelo extractivo, el Producto Bruto Geográfico por habitante cayó un 0,7?% entre 2004 y 2024, incluso en pleno “boom” de inversiones.
Catamarca, con un pasivo social y un pasivo ambiental
El pasivo ambiental es igual de severo. La Corte de Justicia de Catamarca frenó la actividad en el Salar del Hombre Muerto porque los permisos carecían de un estudio de impacto acumulativo y porque el río Trapiche ya se había secado. Los vecinos de Fiambalá denuncian que los proyectos de litio amenazan la producción local y los humedales altoandinos que la sostienen.
Además, la Justicia condenó a Minera Alumbrera por contaminar suelos, aire y cursos de agua con cianuro, mercurio y uranio, elementos que siguen afectando a las comunidades cercanas.
El daño cultural completa el cuadro. Recientemente, la excavación para cañerías mineras destruyó un yacimiento arqueológico sin los permisos previos que exige la ley, evidenciando una lógica que prioriza la urgencia extractiva sobre la memoria indígena. Especialistas advierten que el avance extractivo sin controles rigurosos pone en peligro el patrimonio ancestral de la provincia, tal como ya ocurrió en la zona de El Rodeo.

Jalil, con un optimismo que los números desautorizan
Sin embargo, el gobernador insiste en un optimismo que los números desautorizan. En sus discursos, Raúl Jalil asocia automáticamente minería con bienestar y empleo, pero la tasa de ocupados demandantes, que roza el 20,3?%, revela que los puestos creados son insuficientes o de calidad tan precaria que obligan a buscar un segundo ingreso.
La promesa del derrame económico queda sepultada bajo una realidad donde Catamarca es la única provincia que decreció en dos décadas mientras la riqueza mineral se exporta en forma de concentrados sin agregar valor local.
La frase del gobernador pretende justificar cualquier sacrificio en nombre de un futuro que nunca llega; sin embargo, los números demuestran que la pobreza no retrocedió, el ambiente se deterioró y la identidad cultural se resiente. Cambiar una verdad incómoda por un eslogan no es gobernar: es una maniobra que hipoteca el presente de los catamarqueños y les niega un desarrollo auténtico.

