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ESPECTÁCULO

“Me vestía de negro para que no se notara mi peso”: la confesión de Anita Espósito

 

La conductora de Luzu TV se sinceró sobre la discriminación que sufrió por su cuerpo y su origen.

 
Anita Espósito
Anita Espósito

(BUENOS AIRES).- «Me vestía de negro para que no se notara mi peso, iba a una cita y no comía». La confesión la hizo Anita Espósito en una entrevista con María Laura Santillán, donde la conductora de Luzu TV abrió su corazón y repasó las huellas que le dejaron años de discriminación por su cuerpo y su origen. A punto de cumplir 40, la hermana de Lali Espósito contó cómo aprendió a esconderse para sobrevivir a un entorno que, dijo, nunca la aceptó.

El mal recuerdo de Anita Espósito sobre las críticas

«No era socialmente aceptada por ser negra, por ser gorda, por no ser hegemónica», sostuvo la streamer de Patria y Familia. Para pasar desapercibida, Anita Espósito recurría a trucos que conoce de memoria cualquiera que creció sintiéndose fuera del molde. Usaba ropa oscura para disimular la silueta y evitaba comer antes de un encuentro: «Pensaba que así él iba a creer que era fit». También se planchaba el pelo con una plancha real para no llamar la atención con sus rulos.

La presión, recordó, no era solo estética. «Lo social se te termina metiendo un poco en la vena y uno se asume como te dicen que sos», explicó. En ese sentido, describió cómo los mandatos aplanan a quienes quedan afuera del molde hegemónico. «Si sos gordo no podés bailar, si sos negro no te puede ir bien», graficó. En su caso, las críticas arrancaron en la infancia, tras mudarse de Santiago del Estero a Buenos Aires a los ocho años, donde sus compañeros la señalaban por provinciana y por el color de su piel.

El giro físico más drástico llegó a los 34, cuando Anita Espósito bajó 40 kilos. Subía las escaleras de su casa y le dolían las rodillas. «Empecé a dejar otros pesos y eso se tradujo en mi propio cuerpo y en mi propio cuidado», contó. Aclaró que no lo vivió como un sacrificio, sino como una elección diaria. «Yo elegí todos los días hacer algo en pos de lo que me daba bienestar», aseguró. Ese proceso también le permitió reconciliarse con su imagen: «Yo estaba muy enojada con mi yo gordita, después entendí que ella me estaba salvando de todas las batallas».

Tras ese cambio, dejó atrás el alisado y abrazó sus rulos naturales. «Los dejé ser y mi pelo dijo: al fin, nena», relató. La decisión de abandonar la planchita fue también un acto de liberación de aquellos mandatos que la condicionaron durante décadas.

La charla también puso foco en su rol de madre soltera de Santino, de 14 años. «Me ocupa mucho criar un buen varón», admitió Anita Espósito, y contó que mantiene conversaciones constantes con su hijo sobre violencia de género. Reconoció que muchas madres cargan solas con esa responsabilidad porque «el varón no se va a sentar a tener una conversación respecto de violencia de género».

El momento más conmovedor de la entrevista llegó al hablar de su mamá, Majo, que enfrentó un cáncer de mama cinco años atrás, en un contexto donde la familia ya había perdido a una prima de 30 por la misma enfermedad y una tía también estaba en tratamiento. «Había muchos frentes abiertos y con muchos frentes abiertos también el cagazo es un poco mayor porque ves todo el panorama», describió. Cuando el tratamiento capilar falló, fue Anita Espósito quien tomó la maquinita. «Ella decidió raparse y yo la rapé. Era el momento de acompañar a mi vieja», reveló. «Yo le dije: esto tiene que ser un dolor compartido, no estás sola en esta situación», agregó.

Hoy, a las puertas de los 40, la conductora asegura que logró sacudirse aquellos prejuicios. «Correrme de esos preceptos me ha dado mi propia voz», cerró, emocionada. «Pensé que a los 40 me iba a sentir un poco más grande y es cuando más viva estoy».