(BUENOS AIRES).- “No era socialmente aceptada por ser negra, por ser gorda, por no ser hegemónica”, disparó Anita Espósito en una entrevista con María Laura Santillán. La conductora de Luzu TV y hermana de Lali Espósito recorrió los mandatos sociales que la empujaron durante décadas a disimular su cuerpo, ocultar su identidad y encajar en un molde que nunca le quedó.
La fuerte revelación de Anita Espósito sobre su cuerpo y los mandatos sociales
Frente a la cámara y los rulos al aire, Anita Espósito detalló los trucos de supervivencia que aprendió en la adolescencia para pasar desapercibida. “Me vestía de negro para que no se notara mi peso, iba a una cita y no comía”, confesó. La lógica que manejaba entonces era directa: “Pensaba que así él iba a creer que era fit”. El pelo también era territorio de disciplinamiento. “Nos llegamos a planchar el pelo con una plancha real”, recordó, porque el rulo en aquella época era visto como un factor de exclusión más.
Anita Espósito nació en Santiago del Estero y se mudó a Buenos Aires a los ocho años. El desarraigo le sumó otra capa de hostilidad en el colegio. “Me han dicho cosas en el colegio por ser provinciana y aún hoy aparece el hate en algún que otro comentario”, contó. La discriminación por el tono de piel y el acento era cotidiana, y la respuesta que armó fue blindarse con una coraza. “Quería pasar desapercibida, había que plancharse el pelo”, sintetizó.
Esa destilación cotidiana de prejuicios dejó una marca profunda. Anita Espósito la describió sin anestesia: “Lo social se te termina metiendo en la vena y uno se asume como te dicen que sos”. La sentencia que internalizó desde chica era tan brutal como simple. “Si sos gordo no podés bailar, si sos negro no te puede ir bien”, graficó.
El giro físico más drástico llegó a los 34 años, cuando subía las escaleras de su casa y le dolían las rodillas. Bajó 40 kilos en un proceso que definió como una decisión y no un sacrificio. “Empecé a dejar otros pesos y eso se tradujo en mi propio cuerpo y en mi propio cuidado”, explicó. “Yo elegí todos los días hacer algo en pos de lo que me daba bienestar”. La transformación corporal fue, según su relato, el reflejo de un trabajo interno que venía haciendo en paralelo.
Hoy, a punto de cumplir 40, Anita Espósito muestra sus rulos naturales sin pedir permiso. “Los dejé ser y mi pelo dijo: al fin, nena”, contó. La streamer reconoció que la terapia semanal fue clave para desarmar las estructuras que cargó durante años. “Correrme de esos preceptos me ha dado mi propia voz”, afirmó, emocionada, después de enumerar cada uno de los mandatos que fue soltando para recuperar su cuerpo y su palabra.
La maternidad también atravesó la charla. Anita Espósito se definió como madre soltera y habló de Santino, su hijo de 14 años. “Me ocupa mucho criar un buen varón”, dijo. Con la cruda certeza de quien conoce las dinámicas del hogar, agregó: “El varón no se va a sentar a tener una conversación respecto de violencia de género”. Por eso la educación de su hijo la encara sola y con charlas constantes.
Uno de los momentos más conmovedores de la entrevista con María Laura Santillán giró alrededor del cáncer de mama que atravesó Majo, la madre de Anita Espósito, hace cinco años. La familia ya venía golpeada: en 2019 habían perdido a una prima de 30 años por la misma enfermedad y una tía también estaba en tratamiento. “Había muchos frentes abiertos y con muchos frentes abiertos también el cagazo es un poco mayor porque ves todo el panorama”, describió.
Cuando el tratamiento con el casquete para conservar el pelo no funcionó, Majo decidió raparse. “Ese día yo la rapé”, contó Anita Espósito con la voz quebrada. “Era el momento de acompañar a mi vieja”. En esa escena íntima, sostuvo, no había espacio para su propio miedo. “Primero atendamos el quilombo, después veo cómo me soluciono yo”, razonó. Su madre recibió el alta y hoy, ya recuperada, la streamer se permite llorar lo que postergó en silencio.
