(ISRAEL).- «En Israel están todos furiosos con Trump, Le han dicho traidor, le han dicho perdedor, le han dicho cobarde». La furia que describe Jaime Baily resume el terremoto diplomático que provocó el acuerdo de paz que Donald Trump acaba de firmar con Irán. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y su gabinete consideran que el presidente estadounidense abandonó a su principal aliado en Medio Oriente y dejó a Israel en una posición deslucida frente a Teherán.
El pacto es un memorándum de entendimiento por apenas 60 días. Si la dictadura de Teherán cumple lo pactado en ese plazo, Estados Unidos se compromete a descongelar y enviar 300 billones de dólares de activos iraníes que estaban congelados en el extranjero. Además, Irán se reserva el derecho de cobrar peaje a los buques que salen del Golfo Pérsico por el Estrecho de Hormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial. Antes de la guerra, ese cobro no existía.
El presidente republicano y su vicepresidente Vance calificaron el entendimiento como un éxito formidable. Sin embargo, el negociador iraní Khalibaf se jactó de que “Estados Unidos ha fracasado, que Estados Unidos se ha rendido”. Thomas Friedman, columnista del New York Times, coincidió en que Irán sale fortalecida del acuerdo y que Estados Unidos pierde. Sostuvo que Trump “ha abandonado, ha dado la espalda no solo a Israel, sino también a los países aliados del Golfo” —Qatar, Emiratos Árabes, Kuwait y Arabia Saudita—, priorizando sus intereses personales y su popularidad en declive.
La bronca en Israel se explica por lo que el pacto le concede a Teherán. Irán solo se comprometió a no seguir enriqueciendo uranio y a no aspirar a la bomba atómica, con una verificación a cargo de Naciones Unidas que los halcones israelíes califican de farsa. El material nuclear ya desarrollado no se entrega ni se destruye; simplemente queda bajo la palabra de los ayatolas. “Trump lo ha traicionado”, es la frase que repiten en el entorno de Netanyahu y en canales como el Canal 14.
La jugada de Trump tiene un cálculo electoral doméstico. Cuando Irán cerró el Estrecho de Hormuz, el precio de la gasolina en Estados Unidos subió más del 50%, y con las elecciones de medio término en noviembre el presidente buscó una salida rápida. El acuerdo le permite mostrar una distensión, aunque el costo estratégico lo paguen Israel y los socios del Golfo. Trump, además, ahora elogia a la cúpula gobernante en Teherán como “personas muy racionales” y “estupendos negociadores”, un gesto que para sus críticos confirma la rendición.
La decepción israelí amenaza con costarle caro a Netanyahu. “No sería raro que Netanyahu perdiera el poder en las elecciones de otoño, como no sería raro que en noviembre los republicanos perdieran el control del Congreso”, evaluó el editorialista. Las encuestas en Estados Unidos ya muestran a la mayoría disgustada con el trabajo de Trump, y en Israel el primer ministro enfrenta un escenario electoral hostil después de que su principal aliado lo dejara expuesto.
Netanyahu deberá decidir ahora si acata el alto el fuego o, como anticipan los analistas, sigue golpeando a Hezbollah en el Líbano y a Hamás en Gaza mientras se reserva el derecho de atacar Irán si comprueba que continúa en secreto con el desarrollo nuclear. Expertos israelíes sostienen que no acatará el acuerdo y que mantendrá la ofensiva contra el eje chiita.
El terremoto diplomático también salpicó a Europa. Trump se peleó con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, después de que ella se disgustara por las críticas del mandatario al papa León XIV. Al regresar a Estados Unidos, Trump dijo que Meloni le rogó que se hicieran una foto juntos. La premier lo negó de plano: “Eso es falso, es mentira. Italia ni ruega ni suplica nada a nadie”, replicó. Otra aliada influyente que Trump deja en el camino mientras el reloj de los 60 días ya empezó a correr.
