(BUENOS AIRES).- “No la pasé mal, pero trataba de manejar esa ansiedad”. Lautaro Martínez habló tras convertir su primer gol en una Copa del Mundo durante el Mundial 2026 y dejó en claro el peso que cargaba desde la edición anterior.
El delantero de la Selección Argentina arrastraba una sequía que ya era historia conocida. En el Mundial pasado, el “Toro” había marcado dos goles que la tecnología y el offside milimétrico le terminaron anulando. “Me tocó hacer dos goles en el inicio del Mundial pasado donde cobraron offside”, recordó el atacante, evidenciando por qué esa mufa se le había pegado tanto.
A pesar de la falta de gol, Lautaro nunca fue un jugador de paso para Lionel Scaloni. Su entrega en la presión, los movimientos de arrastre y el desgaste que generaba en los defensores rivales compensaban la falta de acierto en la red. Sin embargo, la estadística empezaba a pesar y el propio jugador reconoció que trabajaba internamente para que no lo desbordara.
La espina del Mundial pasado
Ese pedacito de historia inconclusa alimentó una ansiedad que él mismo admitió haber manejado. El ruido externo siempre está, pero puertas adentro el cuerpo técnico jamás le soltó la mano y sostuvo su importancia más allá del grito sagrado. Su trabajo silencioso, la presión alta y la capacidad para generar espacios fueron siempre valorados por el entrenador y su equipo de trabajo, que entendían que el gol iba a llegar en el momento justo.
El tanto en este Mundial 2026 fue un grito de desahogo contenido. Visiblemente aliviado, el goleador expresó su sentir más profundo: “Hoy disfruto de la mejor manera, porque defender a mi país es lo más grande que se puede hacer”.
El gol se celebró como un logro de todo el plantel. En un grupo donde la unión se pregona desde adentro, los compañeros rodearon al nueve con la misma intensidad con la que defienden cada pelota. Ese respaldo colectivo fue clave para que Lautaro transitara la sequía sin quebrarse y para que la conquista se viviera casi como un triunfo compartido.
Con la mochila ya en el piso, el ex Racing se perfila como una carta ofensiva decisiva para la recta final del Mundial 2026. El desahogo emocional le devuelve la chispa a un definidor de raza que, ahora sin los fantasmas del offside ni la ansiedad acumulada, buscará consolidarse como una de las principales vías de gol de Argentina en lo que resta del torneo.
