(BUENOS AIRES).- Lionel Messi encendió la ilusión del país en el Mundial 2026 con un doblete ante Austria para el 2-0 de la Selección Argentina y reavivó una coincidencia que atraviesa la historia grande del fútbol nacional: cada vez que Argentina ganó un partido de Copa del Mundo con dos goles del mismo jugador, terminó consagrándose campeón.
El dato volvió a circular y generó ilusión entre los hinchas en plena etapa mundialista. Las dos únicas veces que ocurrió un registro así en mundiales anteriores, la Albiceleste volvió de la cita máxima con la copa bajo el brazo. La información conecta momentos históricos que quedaron marcados a fuego en la memoria del fútbol argentino.
El primer capítulo se escribió en 1978. Mario Alberto Kempes, una de las grandes figuras de la historia del fútbol argentino, anotó un doblete clave en la victoria por 2-0 ante Polonia. Aquel rendimiento fue parte de una campaña inolvidable que terminó con la consagración en el Monumental y con el Matador como máximo referente ofensivo del equipo.
Ocho años más tarde, en México 1986, Diego Armando Maradona tomó la posta en la semifinal ante Bélgica. El capitán argentino convirtió un doblete en otro triunfo por 2-0 que consolidó al equipo rumbo a su segunda coronación. Ese torneo reforzó la idea de un conjunto que dependía de su liderazgo, talento y determinación en los momentos decisivos.
Ahora, en la escena del Mundial 2026, Messi concretó su propio doblete en fase de grupos y la estadística se instaló como un símbolo de esperanza entre los hinchas. El diez, líder de la generación actual de la Selección, ya había sembrado dudas sobre su continuidad antes del certamen, pero su actuación ante Austria disipó cualquier niebla. De hecho, tras ese partido expresó toda su felicidad por el arranque del torneo.
La lectura del dato es más emocional que científica, pero en contextos mundialistas cada coincidencia alimenta la ilusión. Kempes en 1978, Maradona en 1986 y Messi en la actualidad representan tres eras distintas unidas por la expectativa constante de competir por lo máximo. En el fútbol, las coincidencias no ganan campeonatos, pero en Argentina, cuando aparecen, la ilusión se enciende sola.
La Selección Argentina convive siempre con su propio legado. Cada torneo trae comparaciones, recuerdos y estadísticas que vinculan generaciones. Este dato en particular vuelve a instalar una idea simple pero potente: cuando aparece una figura capaz de marcar dos goles en un partido clave, el equipo suele estar muy cerca de tocar la gloria.
Con el plantel ya instalado en la pelea del Mundial 2026, el eco de aquel patrón alimenta la fantasía de la cuarta estrella. El camino sigue abierto y la secuencia está otra vez en marcha.
