Connect with us

Hola, qué estás buscando?

POLÍTICA

Raúl Jalil y el derrumbe de una imagen que Catamarca ya no reconoce

 

El gobernador de Catamarca pasó del cuarto puesto al duodécimo en el ranking de mandatarios provinciales en apenas cuatro meses.

 
Raúl Jalil

(Por Diego Nofal).- La caída de Raúl Jalil en el ranking de gobernadores es un síntoma político devastador. Pasó del cuarto puesto al duodécimo en apenas cuatro meses. Ningún gobierno soporta indemne un desplome de imagen tan vertical y tan veloz. La consultora CB midió el humor social y Catamarca respondió con un castigo inapelable.

El derrumbe no se explica por un ciclo económico adverso ni por una pandemia inesperada. Se explica por una gestión que perdió el pulso de la calle y el respeto de su pueblo. Se explica por la arrogancia de quien confunde administrar con disponer del futuro ajeno.

Los conflictos mineros escriben el capítulo más oscuro de esta debacle. Las comunidades resisten un modelo extractivo que ofrece migajas en dólares a cambio de agua envenenada. Prometieron desarrollo y dejaron desconfianza, prometieron progreso y trajeron división. El litio y el cobre no brillan cuando la tierra se agrieta y la sed aprieta. La resistencia de los pueblos no es capricho, es instinto de supervivencia frente al extractivismo sin control. Jalil eligió el oído de las empresas y clausuró el diálogo con quienes defienden las montañas.

Esa sordera gubernamental se paga caro en las urnas y en las encuestas. La minería puede ser oportunidad, pero nunca a costa del veneno en las napas y del destierro de las familias. Cuando el gobernador prioriza regalías sobre derechos, su imagen se vuelve tan estéril como un socavón abandonado. La legitimidad no se extrae del subsuelo, se cultiva con respeto y se riega con escucha activa. Catamarca no castiga a un hombre, castiga un modelo de gobierno que se desconectó de la gente y del sentido común.

A esa herida minera se suma una contradicción política que la provincia no digiere. Jalil coquetea con Javier Milei en un territorio donde el corazón justicialista late con memoria obrera. Ese abrazo libertario agravia a la militancia peronista que construyó mayorías durante décadas. La cercanía con Milei no es estrategia, es una provocación innecesaria en una geografía teñida de lealtad a la justicia social. Jalil parece haber olvidado que gobierna con votos que creen en la inclusión y no en el ajuste como bandera.

Catamarca

La caída de Jalil en las encuestas, el termómetro de una fiebre que no baja

Un gobernador peronista que se aleja de los suyos queda a la intemperie política. Cada foto con el presidente libertario le resta diez puntos de arraigo popular. Sin respaldo partidario y sin amor del llano, el poder se convierte en una oficina vacía. La caída en las encuestas es el termómetro de una fiebre que ya no baja con aspirinas discursivas. Es la temperatura de una deslealtad que la militancia percibe como una traición íntima.

La mala gestión de los recursos naturales y la infidelidad a las raíces justicialistas explican el derrumbe. El puesto doce es un espejo incómodo donde se refleja la desilusión colectiva de toda una provincia. No es un resbalón estadístico, es la fotografía de un divorcio entre el gobernador y su pueblo.

Jalil necesita refundar su vínculo con Catamarca o su mandato se desgastará sin retorno. Rectificar el rumbo minero y honrar la identidad peronista es el único camino para remontar. De lo contrario, el ranking no será la derrota final, será apenas el prólogo del adiós político.

Raúl Jalil