(BUENOS AIRES).- Osvaldo Gross compartió una receta que tiene el equilibrio justo entre una masa tierna y un relleno cremoso. El pastel de ricota es una de esas preparaciones que todo amante de la pastelería debería animarse a hornear en casa.
Con 90 minutos de dedicación, este clásico se adapta tanto a una merienda con amigos como al postre de un almuerzo dominguero. La versión que explicó el chef tiene dos opciones de relleno —el porteño y el italiano— pero la clave está en respetar una masa básica que se desarma en la boca y un corazón de ricota bien perfumado.
INGREDIENTES
Para la masa vas a necesitar:
200 g de manteca
150 g de azúcar
1 o 2 cditas de sal
2 huevos
½ unidad de ralladura de limón
1 cda de esencia de vainilla
400 g de harina 0000
1 cdita de polvo para hornear
Para el relleno tradicional porteño, los ingredientes son:
600 g de ricotta
200 g de queso crema
150 g de azúcar
Ralladura de limón
5 claras de huevo
Y si preferís el italiano:
600 g de ricotta
300 g de crema pastelera de vainilla
Ralladura de limón
El primer paso es batir la manteca con el azúcar y la sal hasta blanquear. Después incorporás los huevos, la ralladura de limón y la esencia de vainilla. Formás una corona con la harina y el polvo para hornear, volcás la mezcla en el centro y unís todo con dos espátulas hasta conseguir un bollo tierno. Una vez envuelto en film, lo dejás descansar en frío. Un dato no menor: esta masa se puede conservar hasta 3 días en la heladera o 30 días en el freezer.
Mientras la masa toma frío, preparás el relleno. En la opción porteña, tamizás la ricotta junto con el queso crema —este paso es fundamental para que no queden grumos— y le sumás el azúcar, la ralladura de limón y las claras sin batir. La mezcla final es bien lisa y aireada. Si vas por la variante italiana, tamizás la ricotta con la crema pastelera de vainilla y la perfumás con ralladura de limón.
Con la masa descansada, estirá dos tercios hasta que tenga un espesor de 5 milímetros y forrá un molde de 20 por 30 centímetros o una tartera de 26 centímetros de diámetro. Volcá el relleno elegido, pintá los bordes con huevo batido y tapá con el tercio restante de masa. Pinchá la superficie, pintala con huevo otra vez y directo al horno a 170 grados por 40 o 45 minutos.
Una vez que se enfríe, desmoldala y espolvoreale azúcar impalpable por encima. Para conservar esta receta sin que pierda textura, guardalo en la heladera dentro de un recipiente hermético. Una receta que sale perfecta y te hace quedar como un pastelero experto. Probalá y después contás.
