(BUENOS AIRES).- “Boca no pagará los 9 millones que piden por Rulli”. La frase, atribuida al entorno de la dirigencia, pinta de cuerpo entero la decisión que acaba de tomar Juan Román Riquelme. Boca Juniors descartó la contratación del arquero Gerónimo Rulli porque el Olympique de Marsella exige una cifra que en el club consideran imposible de afrontar en este mercado.
El monto pedido por el club francés, alrededor de 9 millones de dólares, “excede los parámetros que Boca está dispuesto a manejar en esta etapa del mercado”, explicaron cerca de la conducción xeneize. El problema no es solo el valor de la transferencia, sino también la estructura financiera de la operación: en el club no contemplan realizar un desembolso de ese nivel por un arquero, lo que obliga a rediseñar la lista de candidatos para el puesto.
Riquelme mantiene una postura que ya es marca registrada de su gestión: “no realizar inversiones desproporcionadas, incluso si se trata de un refuerzo considerado prioritario por el cuerpo técnico”. Ese criterio llevó a dar de baja una alternativa que parecía seductora por la jerarquía del jugador, pero que chocó de frente con la realidad de los números.
La necesidad en el arco se volvió más sensible por la urgencia deportiva del equipo. “Con la lesión de algunos jugadores del plantel y el rendimiento irregular en el puesto”, la búsqueda de un guardavallas de jerarquía se aceleró en las últimas semanas, pero sin resignar la prudencia económica que Riquelme exige para cada incorporación.
Boca analiza alternativas más accesibles en el mercado local e internacional. Sin embargo, admiten que “ninguna de las opciones que aparecen en la carpeta tiene el mismo peso de jerarquía que Rulli”, lo que refleja la dificultad de encontrar un equilibrio entre calidad y precio en un contexto de restricciones.
La operación por el arquero surgido de Estudiantes de La Plata está prácticamente caída. Sólo un giro inesperado podría reabrir la negociación: “salvo que el escenario cambie drásticamente en las próximas semanas”, reconocieron en el club. El margen de maniobra es limitado y los tiempos apuran, porque el cierre del mercado no admite dilaciones.
El caso Rulli deja una conclusión clara: Boca quiere jerarquía, pero no a cualquier costo. Y Riquelme ya demostró que, en este mercado, esa diferencia puede ser decisiva.
