(BUENOS AIRES).- “La propuesta del club argentino, cercana a los 9 millones de dólares, no fue suficiente para convencer a la institución italiana”. La frase define el momento de la negociación: River recibió un portazo del Torino por Giovanni Simeone y la chance del delantero de calzarse la banda roja se enfría con fuerza.
La oferta formal enviada desde Núñez rozó los 9 millones de dólares, una cifra considerable para los parámetros del fútbol argentino. Sin embargo, el club italiano se mantuvo firme en su postura de no desprenderse del atacante en este mercado de pases. El rechazo no solo frena la operación: la deja en un limbo del que resulta difícil que salga en lo inmediato.
Un factor que juega en contra de cualquier reactivación es la actitud del propio jugador. Simeone no está presionando para salir del Torino. No empuja la transferencia ni manifestó una intención concreta de cambio inmediato. Sin esa señal, la negociación pierde un resorte clave de los que suelen destrabar los pases cuando los clubes no se ponen de acuerdo.
El nombre de Simeone había aparecido en el radar de River como una alternativa de jerarquía para reforzar el ataque del equipo que conduce Eduardo Coudet. La búsqueda de variantes ofensivas de peso es una prioridad explícita del cuerpo técnico de cara a una temporada exigente, y el Gringo—con pasado en la Selección Argentina, experiencia en la Serie A y un apellido que pesa en Núñez—encajaba en la clase de refuerzo que pretenden incorporar.
La dirigencia todavía no tira la toalla del todo, pero en las últimas horas la cautela le ganó a la ilusión inicial. El mercado sigue abierto y en el fútbol los escenarios a veces cambian rápido si alguien se mueve desde el entorno del jugador o si el club europeo modifica sus condiciones. Por ahora, sin embargo, no hay indicios de que eso vaya a suceder.
El plan B sobre la mesa
Mientras el pase de Simeone pierde temperatura, River ya evalúa alternativas para no quedarse sin un delantero de las características que busca. La orden es clara: sumar experiencia ofensiva con capacidad de adaptación inmediata. Los plazos del mercado no dan margen para apuestas a largo plazo, y la exigencia competitiva obliga a que quien llegue esté listo para rendir desde el primer partido.
La carpeta de nombres que maneja la secretaría técnica no se vació con la apuesta por Simeone. Hay otros delanteros que venían siendo seguidos y que ahora vuelven a ganar protagonismo en las conversaciones. La dirigencia es consciente, de todos modos, de que cada operación está condicionada por las dificultades económicas y por la competencia de otros mercados. Mover el avispero cuesta, y la búsqueda de jerarquía ofensiva tiene un precio que no siempre se puede pagar.
El panorama, aunque complicado, no está cerrado. River deberá definir en los próximos días si insiste con Simeone y fuerza una negociación que hoy parece estancada o si concentra los esfuerzos en otra alternativa. La ilusión de ver al delantero en Núñez se enfría, pero el mercado no espera y el reloj corre.
