(BUENOS AIRES).- “El aburrimiento invita a la creatividad. Cuando los papás se corren un poquito, los chicos construyen sus propios recursos”, aseguró la psicóloga Marisa Russomando en diálogo con el programa Arriba Argentinos, mientras las vacaciones de invierno avanzan en todo el país. Para la especialista, los adultos suelen temerle a ese momento vacío, pero es justamente ahí cuando los más chicos encuentran sus propias formas de entretenerse y se activan mecanismos fundamentales para su desarrollo.
Russomando explicó que muchos chicos llegan al receso invernal con la necesidad de bajar un cambio, dormir más y compartir tiempo con la familia, sin necesidad de tener cada día pautado. “Los papás le temen mucho al aburrimiento, especialmente en vacaciones, cuando hay más tiempo libre. Yo estoy más de acuerdo con no llenar la agenda”, sostuvo. La psicóloga advirtió que las pantallas suelen convertirse en la opción más tentadora y recomendó mantener ciertos límites, pero también permitir momentos de pausa.
En la misma línea, la psicóloga Ludmila Onorati señaló que el verdadero propósito de este período va más allá de suspender las clases. “Las vacaciones nacieron para cambiar el ritmo”, afirmó, y remarcó que “descansar también es una parte del desarrollo”. Onorati detalló que, contrario a la creencia de que más estímulos generan más aprendizaje, el cerebro necesita pausas para consolidar lo vivido. “Así como el músculo no crece durante el entrenamiento sino en los períodos de recuperación, el cerebro también necesita esos momentos de pausa”, comparó. En ese momento sin estímulos constantes empiezan a aparecer los juegos inventados, las historias y la imaginación.
El aburrimiento como puerta al aprendizaje
Para la psicopedagoga Karen Baukloh, esa sensación de no tener nada que hacer es cualquier cosa menos un problema. “El aburrimiento es la puerta de entrada al aprendizaje”, dijo, y recomendó recuperar los juegos de mesa, las salidas al aire libre, las historias inventadas y las charlas sobre una película compartida. “Hay que darle tiempo al aburrimiento para que algo nuevo empiece a surgir”, concluyó la especialista.
La psicóloga clínica Candela Chávez defendió en un artículo de opinión el derecho al aburrimiento como una experiencia constitutiva, que “a niñas y niños les abre posibilidades a funciones fundamentales como la creatividad, la plasticidad neuronal y simbólica, la planificación, la resolución de conflictos, la tolerancia a la frustración y la capacidad de proyectar alternativas frente a las dificultades”. En esa línea, Chávez sostuvo que no hace falta llenar cada hora de las vacaciones con actividades ni eliminar por completo las pantallas. El mayor desafío, argumentó, pasa por recuperar la presencia sin apuros: compartir un desayuno sin prisa, jugar una partida de cartas o simplemente conversar.
Lejos de ser tiempo perdido, la pausa durante las vacaciones de invierno se convierte en el terreno donde brota la imaginación infantil. Onorati resumió esa idea al señalar que los chicos no recuerdan la infancia como una agenda, sino como un clima.
