ESPECTÁCULO

A Ernestina Pais la dictadura le arrebató a su padre y la marcó para siempre: “Recién a los 23 años entendí lo que era hacer un duelo”

 

La historia detrás del testimonio más íntimo de la conductora fallecida.

 
Ernestina Pais
Ernestina Pais

(BUENOS AIRES).- «Mi vieja fue tan bestia, tan genia, tan mujer, que me hizo no sentir la falta en el sentido concreto de ‘no tengo un papá’. Obviamente mi viejo estaba presente en mi historia, pero no había una falta de cariño porque todo estaba cubierto por esa especie de bestia maternal que era mi mamá». La frase es de Ernestina Pais y resume cómo transitó una infancia marcada por la desaparición forzada de su padre. Secretos Verdaderos (América TV) recuperó ese testimonio tras la muerte de la conductora, que falleció a los 54 años al ser embestido su auto por una formación del Tren de la Costa en la intersección de Sáenz Peña y El Cano.

Durante su niñez, la protección familiar se tradujo en un pacto de silencio. “Mi mamá me decía que no tenía que contar esto en el colegio porque estábamos en plena dictadura. Como los chicos no saben mentir, terminé creyendo que mi papá estaba de viaje. Les decía a mis compañeros: ‘Papá está de viaje’, porque era la manera de protegerme”, relató Ernestina Pais sobre aquellos años oscuros. José Miguel Pais había sido secuestrado en 1976, cuando ella tenía cuatro años, y permanece desaparecido.

Los panelistas del ciclo explicaron por qué una ausencia de ese tipo nunca termina de procesarse. “El tema de un padre desaparecido es muy difícil para cualquier persona porque poder enterrar a nuestros muertos, darles sepultura y cerrar el ciclo permite empezar a elaborar el dolor. La desaparición hace que ese ciclo nunca se cierre y que siempre quede abierta la pregunta de dónde está”, señalaron. La propia Ernestina Pais contó en aquella entrevista que recién a los 23 años, tras la muerte de un amigo, entendió lo que era hacer un duelo. Ahí se dio cuenta de que nunca había llorado realmente a su papá.

La dimensión del esfuerzo materno la terminó de comprender cuando ella misma fue madre. “Cuando tuve a mi hijo y vi el genio que es el padre de mi hijo, llamé a mi mamá y le dije: ‘No puedo creerlo, hija de puta que fuiste. ¿Cómo pudiste con todo? ¿Cómo nos hiciste una infancia feliz? ¿Cómo te ocupaste de todo? ¿Cómo yo no sentí que faltaba eso tan fuertemente, todo lo importante que es un padre?’. Claramente me formó como una mujer que sabe sobreponerse a las cosas porque es lo que la vida me hizo aprender”, recordó. Ese hijo, Benicio, fruto de su relación con el fotógrafo y productor Alejandro Guyot, fue el eje de su vida pública y privada.

La huella de aquella herida inicial se entrelazó con otros episodios duros. Ernestina Pais atravesó problemas de salud mental y adicciones que la llevaron a internarse, y siempre destacó el sostén de su familia. En la pandemia, además de lidiar con las restricciones, sufrió la muerte de sus dos socios del restaurante en un lapso brevísimo: a uno “se le disparó una enfermedad que ya tenía dormida” y su socia Silvina “pasó de fumar tres cigarrillos por día a fumar 50” y falleció de un ACV. “Es angustia pura”, definió entonces.

En sus últimos años se había propuesto reconstruir la historia de su padre a partir de documentos y testimonios. “Justamente estoy escribiendo una historia sobre él, a raíz de una entrevista dada por uno de sus compañeros de militancia sobre un hecho ocurrido en el Banco Nacional de Desarrollo”, reveló. En esa búsqueda se planteaba preguntas filosas: “¿Verdaderamente, yo conozco a mi padre? ¿Fue el mismo idealista que describió mamá en su versión tan romantizada?”. De José Miguel llegó a reconstruir que fue un arquitecto muy prolífico en Chacabuco, con más de treinta casas construidas en un año y medio, pero también asumió que tenía dos facetas: la familiar y la militante.

La reflexión más descarnada de Ernestina Pais sobre la pérdida incluyó una definición que hoy resuena con crudeza: “Somos una sociedad necrológica. La despedida a nuestros muertos es un ritual tan necesario que hasta puede llegar a durar días. Así que imaginate lo que resulta no poder decirle adiós a tu papá”. Aquella noche de 1976 dos comandos militares cambiaron su vida para siempre: “Una noche, mientras uno se llevaba a mi viejo de Juan B. Justo y Santa Fe (Palermo), otro entraba en casa para robarse todo lo que podía. ¡Si hasta muebles nos quitaron! Como lo que además fueron: ladrones de poca monta”.