(BUENOS AIRES).- “Nada te prepara para lo que vas a ver, ni siquiera la más audaz de las imaginaciones”, definió la crítica Marta Pedraza. La frase describe la experiencia de sumergirse en Extracurricular, el K-Drama surcoreano que estrenó Netflix en abril de 2020 y que sigue a un alumno ejemplar metido en un negocio criminal.
La serie, creada por Jin Han-sae y Kim Jin-Min, presenta a Oh Jisoo, interpretado por Kim Dong-hee. En el colegio es casi invisible, un estudiante modelo con un expediente impecable. Pero en secreto desarrolla una aplicación móvil para ofrecer seguridad a estudiantes que se prostituyen en su tiempo libre. Su motivación es puramente económica: abandonado por su familia, necesita pagarse los estudios y la comida como sea.
La doble vida de Jisoo empieza a tambalearse cuando una compañera, Bae Gyu-ri, descubre su negocio. Interpretada por Park Ju-hyun, a quien Pedraza señaló como una actriz “que con solo cuatro k-dramas a sus espaldas ha venido a llevárselos a todos por delante”, Gyu-ri roza la psicopatía. Lejos de delatarlo, decide chantajearlo para escapar de su propia prisión de lujo y dinero. Quiere ser parte de algo que le permita escapar de una realidad que la mantiene aletargada.
Min Hee, encarnada por Jung Da-bin, completa el mapa de una juventud a la deriva. Lleva una doble vida para comprar regalos caros a un novio violento y adicto al juego. En este mundo decadente también opera el enigmático Wang Chul (Choi Min-soo), un matón con un pasado oscuro, lealtad innegociable y una enorme necesidad de redención. La serie evita los héroes fáciles y, en palabras de Pedraza, es “una serie donde nada es lo que parece”.
A pesar de su factura, el K-Drama generó un fuerte rechazo en su país de origen. Corea del Sur censuró parcialmente la serie porque su estreno coincidió con la polémica del caso Nth Room, un escándalo de difusión no consensuada de material íntimo que involucró a antiguas estrellas del K-Pop. Las autoridades consideraron que la trama de crímenes estudiantiles resultaba perturbadora en ese contexto de extrema sensibilidad social.
La producción toca temas ásperos como el bullying, la explotación sexual y la presión académica sin caer en moralejas explícitas. De hecho, los 10 episodios —con una duración que oscila entre los 44 y los 72 minutos— terminan con un mensaje de contención inusual en el género: “Si conoces a algún/a adolescente que tenga problemas, explícale que no está solo/a. Busca el teléfono de un servicio oficial de ayuda a menores”.
Con guiones que mantienen la tensión al borde del asiento y personajes donde villanos y héroes se confunden sin remedio, el K-Drama sigue disponible en el catálogo de Netflix. Un comentario de un seguidor en redes sintetizó el espíritu de la historia con precisión: “Los sueños salen caros”.
