(BUENOS AIRES).- Las enfermedades infecciosas ya son parte de la vida cotidiana en la ciudad que retrata Happiness, la serie surcoreana que Netflix sumó a su catálogo. La trama arranca cuando un virus desconocido irrumpe y convierte un flamante rascacielos de departamentos en una trampa sellada, donde la pelea por sobrevivir expone lo peor de cada vecino.
«La serie se desarrolla en una época en la que las enfermedades infecciosas se han convertido en la nueva normalidad», marca la premisa del drama que ya está disponible en Netflix. Dentro de ese contexto pandémico que ya no sorprende a nadie, un edificio de departamentos de lujo recién construido se vuelve el campo de batalla psicológico de la trama. Desde el minuto cero, la arquitectura marca la grieta: los pisos superiores están a la venta y los inferiores se alquilan.
El detonante del caos es el virus Lytta, una enfermedad infecciosa nueva que ataca con un síntoma brutal: una sed incesante e imposible de calmar. Las personas infectadas sufren una necesidad de beber que no se detiene. Apenas el brote se descontrola, las autoridades aíslan la torre entera sin margen de escape.
Con el edificio clausurado, los residentes quedan librados a su suerte y empiezan a chocar. La falta de recursos básicos convive con una batalla psicológica sutil pero feroz, mientras la desconfianza mutua carcome cualquier intento de organizarse. «El drama representa la sutil batalla psicológica y la discriminación de clases que se produce» entre quienes compraron en los pisos altos y quienes alquilan en los inferiores.
Esa tensión vertical escala a la par del encierro y muestra que el verdadero enemigo no siempre es el patógeno, sino la paranoia que infecta las relaciones entre vecinos. Los residentes luchan por sobrevivir mientras el miedo y la sospecha hacia los demás los afecta de manera creciente.
A diferencia de otros thrillers pandémicos, Happiness pone la lupa en lo que florece puertas adentro de la comunidad encerrada. La lucha por sobrevivir se libra tanto contra el virus Lytta como contra el otro, en un mano a mano que mezcla suspenso sanitario con un drama social que incomoda.
Para los fans del thriller, la serie —ya disponible en Netflix— combina el ritmo de un apocalipsis infeccioso con un retrato crudo de la desconfianza humana. La torre aislada se convierte en un laboratorio donde la sed, literal y simbólica, pone a prueba a todos. La propuesta surcoreana se distancia del catálogo de catástrofes convencionales y apuesta por ese interrogante que el encierro vuelve inevitable: hasta qué punto el prójimo es un refugio o una amenaza.
