(Por Diego Nofal).- El ministro Luis Caputo confirmó esta semana el ingreso de la empresa LIEX S.A. al régimen de grandes inversiones. El proyecto se instalará en el Salar Tres Quebradas, en la localidad de Fiambalá, en Catamarca. La iniciativa demandará un desembolso de 709 millones de dólares y promete generar empleos directos e indirectos en todo el oeste provincial.
El gobernador Raúl Jalil calificó la aprobación del RIGI como una muy buena noticia para Catamarca. El mandatario destacó que representa más inversión, más producción y nuevas oportunidades laborales para los catamarqueños. También subrayó que la nueva planta permitirá alcanzar una capacidad extra de 40.000 toneladas anuales de carbonato de litio. Según sus palabras, esta ampliación fortalece uno de los principales proyectos mineros de la provincia.
Sin embargo, detrás del anuncio se esconde una realidad financiera muy poco favorable para las arcas provinciales. Catamarca percibe por regalías mineras apenas un 3% del valor de las exportaciones. El proyecto en cuestión tiene la potencialidad de vender al exterior unos 400 millones de dólares anuales de litio. Aplicando ese porcentaje mínimo, a la provincia le quedaría una suma magra de 12 millones de dólares por año. A esa cifra además hay que descontarle los impuestos internos nacionales.
Catamarca y un demoledor contraste con Jujuy
El contraste con la vecina Jujuy es demoledor y deja al descubierto la debilidad negociadora de la gestión Jalil. Hoy las mineras chinas que operan en territorio jujeño pagan entre el 11 y el 13% de regalías. Jujuy logró quedarse con un 10% de las ganancias de las compañías y también con el 10% de las acciones de cada emprendimiento. Esta participación accionaria le permite a la provincia colocar un director en cada empresa que se asienta en su territorio. La diferencia es abismal, hablamos de que los chinos le pagan a Catamarca un 300% menos por su litio.
Nada de esto ha ahuyentado a los inversores chinos, todo lo contrario. Cada vez más empresarios del gigante asiático recorren la puna jujeña en busca de proyectos de gran escala. La pregunta inevitable es por qué Catamarca no exige condiciones similares siendo que comparte la misma riqueza geológica. La falta de una estrategia provincial firme condena a los catamarqueños a recibir migajas por sus recursos naturales no renovables.

Los pésimos antecedentes de la Catamarca de Jalil
Los antecedentes mineros en Catamarca son pésimos y ameritan extrema cautela con cada nuevo anuncio. La provincia arrastra un historial de destrucción ambiental que incluye la contaminación y el desvío de cursos de agua. El nuevo proyecto contempla obras de control de inundaciones y la perforación de pozos para extraer salmuera.
Esto resulta absurdo si consideramos que la Puna argentina es una de las zonas más áridas del planeta. Esas autorizaciones oficiales encubren en realidad la manipulación de los escasos ríos para uso industrial.
La infraestructura prevista incluye ductos, caminos, tuberías e instalaciones complementarias de gran porte. Se trata de obras que modifican irreversiblemente el frágil ecosistema puneño y compiten por el agua con las comunidades locales.
Esto ya ha ocurrido antes en Catamarca, donde las mineras utilizaron el recurso hídrico en detrimento de la población originaria. Mientras el gobernador celebra inversiones millonarias, los pueblos de la puna ven cómo se agrava su vulnerabilidad hídrica e ignoran sus reclamos históricos.
Los números cantan y dejan al desnudo una gestión que regala los recursos estratégicos de los catamarqueños. La provincia resigna cientos de millones de dólares que podrían transformar su matriz productiva y mejorar la calidad de vida de su gente.
Jujuy demostró que se puede negociar en mejores términos sin espantar capitales internacionales. La comodidad de aceptar condiciones desventajosas solo beneficia a las mineras mientras el futuro de Catamarca se escurre junto con la salmuera que extraen a bajo costo.

