(BUENOS AIRES).- “Yo no creo en la muerte. A Leandro, cada vez que entro al escenario, le digo: ‘Dale, pibe. Que bajen los ángeles’. Y, en general, bajan y está en ese público que te da tanto amor”, dijo Marta González en La noche de Mirtha el 11 de julio de 2026. La actriz fue una de las invitadas al ciclo de Mirtha Legrand y abrió su corazón sobre la muerte de su hijo y su lucha de 25 años contra el cáncer.
“Hace 25 años que estoy luchando con el cáncer. Mi oncóloga me dijo que me opere y siempre tuve gente maravillosa a disposición. La última vez que me operaron fue hace cuatro años”, detalló Marta González con la serenidad de quien convive con la enfermedad sin esconderla. La actriz no rehuyó los detalles médicos ni dejó de agradecer a los profesionales que la acompañaron durante todo el proceso.
El tratamiento actual cambió por una razón concreta: el deterioro de sus venas después de tantas aplicaciones intravenosas. “Mis venitas no resisten más, entonces ahora estoy tomando la quimio oral. Así puedo salir a trabajar porque el teatro sana”, explicó. La quimioterapia oral le devolvió la posibilidad de sostener su rutina laboral sin las pausas obligadas que impone el tratamiento tradicional. Para Marta González, volver a las tablas no es solo una cuestión económica o profesional: el escenario funciona como un espacio de sanación que complementa la medicación.
Esa afirmación —“el teatro sana”— no fue una frase hecha. La actriz la respaldó con la conexión más íntima de su vida: el recuerdo de su hijo Leandro, a quien perdió y con quien mantiene un diálogo que desafía cualquier idea de ausencia definitiva. Visiblemente emocionada, Marta González compartió el ritual que sostiene ese vínculo antes de cada función.
“Yo no creo en la muerte”, insistió, cerrando cualquier especulación sobre una despedida terminante. Antes de cada función, se dirige a Leandro con una frase íntima que repitió en el programa: “Dale, pibe. Que bajen los ángeles”. Y agregó, convencida: “En general, bajan y está en ese público que te da tanto amor”. Para ella, el cariño de los espectadores es la prueba de que su hijo sigue presente en cada aplauso y en cada función.
La visita de Marta González al living de Mirtha Legrand no se limitó a lo testimonial. La actriz, que debutó en teatro hace más de cuatro décadas, repasó el vínculo entre su carrera y su estado de salud sin golpes bajos ni dramatismo forzado. Contó que la última cirugía fue hace cuatro años y que desde entonces el tratamiento oral le permitió mantener una agenda laboral activa. No dio fechas de próximos procedimientos ni se quejó del deterioro físico que implica la medicación prolongada; en cambio, eligió hablar del presente con una mezcla de fortaleza y emoción que atravesó la pantalla.
Con su relato, Marta González dejó en La noche de Mirtha una de las postales más íntimas de su vida, esa en la que el escenario y la memoria de Leandro se vuelven un mismo refugio. El programa, emitido el sábado 11 de julio por eltrece, sumó así un momento que trascendió la anécdota televisiva y mostró a la actriz en un registro poco habitual: el de una mujer que transformó el dolor y la enfermedad en un acto de presencia cotidiana sobre las tablas.
