(BUENOS AIRES).- “Por primera vez en la historia de la Copa del Mundo, Brasil, Alemania e Italia no lograron llegar a los cuartos de final, un hecho que sacude por completo la narrativa tradicional del fútbol internacional.” El Mundial 2026 inscribió su nombre en los libros con una página que parecía imposible: las tres potencias máximas del fútbol de selecciones se despidieron antes de la fase decisiva, un vacío inédito que cambia el centro de gravedad del torneo.
Brasil, cinco veces campeón, cayó en los octavos de final frente a Noruega por 2 a 1 en Nueva York el 5 de julio. Erling Haaland resultó intratable para la defensa verdeamarela y terminó de sepultar las chances de una selección que se fue en silencio, lejos del protagonismo que su historia le exige.
La eliminación caló hondo en el plantel brasileño. Neymar anunció su retiro de la selección apenas consumada la despedida de la que, según había dicho, iba a ser su última Copa del Mundo. La caída marcó un quiebre generacional para el scratch, que venía de frustraciones en las instancias decisivas de los últimos mundiales pero nunca había quedado afuera tan temprano en una edición que también marginó a sus pares europeos.
Alemania, símbolo de solidez en las Copas del Mundo, también se quedó sin cuartos. Paraguay lo eliminó en una definición por penales que expuso la falta de contundencia del equipo dirigido por Julian Nagelsmann. La Federación Alemana de Fútbol (DFB) comunicó el 3 de julio la salida del entrenador, apenas un par de días después de un golpe que dejó al fútbol alemán en estado de shock. La Albirroja, con un plantel compacto y un orden táctico quirúrgico, confirmó que las selecciones de menor tradición ya no son meros actores de reparto en el Mundial 2026.
Italia, la otra potencia histórica que supo dominar el fútbol mundial, volvió a quedar lejos de los primeros planos y completó el tridente de ausencias más resonante de todos los tiempos. La eliminación temprana de las tres en una misma edición no registra antecedentes en más de noventa años de Copas del Mundo, un dato que por sí solo explica la dimensión del cimbronazo.
La cadena de eliminaciones abre paso a una paridad nunca antes vista. Las selecciones emergentes crecieron en competitividad, el nivel físico emparejó los partidos y los detalles tácticos pesan más que cualquier chapa de campeón. Las potencias de siempre ya no transitan las fases eliminatorias con el margen de otras épocas, y el Mundial 2026 se convirtió en el escenario donde esa tendencia global terminó de cristalizar con una contundencia imposible de discutir.
El torneo avanza sin tres de sus nombres ilustres y se consolida como la edición más impredecible desde que la Copa del Mundo tiene su formato actual. Con los gigantes afuera del mapa, la recta final del Mundial 2026 ya garantizó un cierre a pura incertidumbre y la certeza de que ninguna selección puede sentirse intocable.
