(BUENOS AIRES).- Seom, una joven informática con síndrome de Asperger, creó la aplicación de citas Somebody sin saber que un asesino la usaría para elegir a sus víctimas. Esa es la trama de la serie surcoreana que Netflix sumó a su catálogo, donde el thriller policial se mezcla con vínculos impredecibles.
Seom desarrolló Somebody para facilitar encuentros sociales, una tarea que a ella misma le cuesta por las dificultades relacionales que le provoca su condición. La aplicación, sin embargo, se convierte en el centro de una investigación criminal cuando se descubre que un homicida la utilizó para contactar a sus blancos.
A pesar de sus limitaciones sociales, Seom cuenta con dos amigas muy distintas. Gi-eun es oficial de policía y perdió la movilidad de las piernas a raíz de un accidente. Mok-won es chamana y la acompaña con una mirada espiritual, formando un triángulo de contención poco convencional.
Esa red de apoyo se tensa con la llegada de Yoon-oh, un arquitecto misterioso que se involucra de manera sigilosa con las tres mujeres. Su presencia enrarece la dinámica del grupo y lo vuelve cada vez más difícil de predecir.
El motor del relato es un caso de asesinato en el que el criminal se valió de Somebody para seleccionar a sus víctimas. La investigación avanza mientras los vínculos entre las protagonistas se tensan y las sospechas empiezan a teñir cada interacción.
La trama borra los límites entre la intimidad digital y el peligro real: las notificaciones de la app pasan de ser un puente social a una posible trampa. Seom, que diseñó una herramienta para unir personas, queda atrapada en una red que podría destruirlas.
Una serie que incomoda desde los detalles
La serie no se apura a revelar sus cartas. Construye el suspenso a partir de lo que no se dice y de las miradas esquivas de sus protagonistas. Cada capítulo suma una capa de desconfianza que recae tanto sobre Yoon-oh como sobre las mujeres que orbitan a su alrededor.
El síndrome de Asperger de Seom no está tratado como un obstáculo narrativo ni como un atajo sentimental. La serie lo integra a la trama con naturalidad: sus dificultades para leer las intenciones ajenas elevan la paranoia general, porque el espectador tampoco termina de descifrar si Yoon-oh es un aliado o una amenaza.
Gi-eun, mientras tanto, aporta el oficio policial desde una silla de ruedas. Su condición física no se subraya con golpes bajos: la cámara la sigue a la altura de los ojos y muestra a una investigadora metódica que se mueve con soltura en un mundo que rara vez está adaptado para ella.
Conexiones que pueden matar
Somebody —la aplicación dentro de la ficción— funciona como un personaje más. Las notificaciones, los mensajes y los perfiles anónimos tensan el relato sin estridencias, acercando el formato del thriller criminal al del drama psicológico. El espectador sabe que la app es el canal que usó el asesino, pero la serie demora en revelar cuánto de ese pasado oscuro contamina el presente de Seom.
La ambientación refuerza esa incomodidad: interiores fríos, una paleta de colores apagados y una banda sonora que irrumpe apenas lo necesario para cortar la respiración. Netflix apuesta con este título a un policial que no persigue la adrenalina del minuto a minuto, sino la inquietud que queda después de cada capítulo.
El desenlace evita los lugares comunes y deja preguntas abiertas sobre la intimidad en la era de las aplicaciones de contacto. La serie obliga a revisar cuánto de uno mismo queda expuesto en una pantalla y con qué facilidad ese rastro digital puede volverse en contra. Somebody está disponible completa en Netflix.
