(BUENOS AIRES).- La vida en Netflix cambia por completo para Han Ji?yul, un veterinario de Seúl que se muda a regañadientes al pueblo de Huidong para hacerse cargo de la clínica de su abuelo. Allí se cruza con Ahn Ja?young, una oficial de policía muy querida por los vecinos que esconde un secreto amistoso, y con Lee Sang?hyeon, el dueño del café local. La transición del protagonista, lejos del confort de la gran ciudad, está muy lejos de ser sencilla y pone a prueba toda su capacidad de adaptación a los códigos de la vida rural.
“Once Upon a Small Town” es la comedia romántica coreana que pasó casi inadvertida en Netflix y que, sin embargo, reúne todo lo que buscás en un maratón de fin de semana. La historia no necesita villanos desmesurados ni giros forzados: el conflicto nace de los roces cotidianos entre alguien que viene de la capital y una comunidad chiquita donde todos se conocen. Ese choque cultural, tratado con humor liviano y momentos de genuina ternura, se convierte en el motor de una trama que avanza sin apuro.
La química entre Joy —la integrante de Red Velvet— y Choo Young?woo es uno de los puntos que más elogios recogió entre quienes ya la vieron. Ja?young, que en el pueblo funciona como una especie de institución afectiva, y Ji?yul, que llega con la arrogancia involuntaria del que se crió entre consultorios de moda y cafés de especialidad, comparten escenas en las que el coqueteo se cuece a fuego lento. No hay apuro por sellar la pareja protagónica, y justamente esa calma vuelve creíble cada avance.
El entorno rural trabaja como un personaje más. La postal de Huidong —con sus calles de tierra, el almacén de ramos generales y los almuerzos comunitarios— envuelve la historia en un tono cálido que la aleja de la saturación visual de otras producciones. La serie elige mostrar cómo Ji?yul aprende a leer los silencios y los gestos de vecinos que no necesitan demasiadas palabras para expresar afecto o para marcar límites. Esa textura pueblerina, sin subrayados, es lo que muchos espectadores describen como un abrazo de 40 minutos.
Una joya para los que esquivan los culebrones
Quienes disfrutan de los romances tranquilos van a encontrar acá un catálogo de aciertos difíciles de reunir en una sola ficción. Los episodios son cortos, la fotografía no recarga ningún plano y la banda sonora entra sin invadir. El reparto secundario —con el dueño del café Lee Sang?hyeon a la cabeza— suma capas de humor sin desviar el foco de la pareja central. No hay escenas de relleno, gritos ni peleas subidas de tono: el ruido lo ponen los malentendidos propios de una mudanza que nadie pidió y que, sin embargo, termina revelando lo que Ji?yul en verdad quiere.
Por eso “Once Upon a Small Town” funciona tan bien en el menú de Netflix para los que buscan una historia que descanse. La crítica especializada la reseñó con generosidad apenas se estrenó, pero el boca a boca tardó en llegar. Hoy, con el catálogo abarrotado de lanzamientos, vale la pena ponerla en la lista antes de que vuelva a quedar sepultada en el algoritmo.
Los doce capítulos del drama surcoreano están disponibles en la plataforma desde hace un tiempo y mantienen un ritmo pensado para engancharse una tarde de domingo. No hace falta reservar semanas de maratón: con un par de horas alcanza para enamorarse del pueblo, de la veterinaria improvisada y de una historia que demuestra que los amores que crecen sin estridencias también dejan huella.
