ESPECTÁCULO

De qué trata Backrooms: la perturbadora película de terror que nació en internet y ya obsesiona al público

 

La producción fue bien recibida por los fans del género.

 
Película
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(BUENOS AIRES).- En junio de 1990, el investigador Naren Warne, del Async Research Institute, se separó de su grupo y quedó atrapado en un espacio extradimensional que desafía toda lógica. Así arranca la pesadilla que propone Backrooms, la película cuyo argumento central acaba de conocerse.

El escenario es una extensión caótica de habitaciones de un amarillo opaco, luces fluorescentes, pasillos largos y mobiliario deforme. Ese laberinto sin salida, conocido como the Backrooms, se convierte en una trampa donde lo cotidiano se distorsiona hasta volverse amenazante.

Mientras Warne intenta pedir auxilio, una entidad invisible comienza a perseguirlo sin darle respiro. La criatura nunca se muestra en pantalla, pero su presencia eleva la tensión paso a paso: el horror nace de lo que no se ve y del silencio opresivo que domina cada rincón.

Las únicas imágenes que existen del incidente son las que registró la cámara del investigador. Los científicos del Async Research Institute son los primeros en ver el material recuperado, lo que convierte la trama en un relato de metraje encontrado que refuerza la sensación de estar espiando algo que no debería existir.

La película apuesta por la tensión psicológica, el aislamiento absoluto y el miedo a los espacios liminales: esos lugares de tránsito que, al deformarse, generan una angustia difícil de explicar. No hay monstruos evidentes ni sobresaltos fáciles; hay un laberinto infinito y la certeza de que el protagonista nunca está solo, aunque no consiga ver a su perseguidor.

Esa decisión de priorizar lo implícito sobre lo explícito diferencia a la película de otras producciones del género. La promesa de un descenso al horror abstracto, donde las leyes de la realidad parecen romperse, ya despierta expectativa entre los amantes del terror que buscan experiencias más psicológicas que visuales.

El planteo argumental se apoya por completo en el concepto original de las Backrooms, una construcción nacida en foros de internet que describe un espacio extradimensional laberíntico con paredes amarillas, luces fluorescentes y pasillos interminables. La adaptación al cine toma ese imaginario y lo ancla en un caso concreto: la desaparición de un científico durante junio de 1990.

El recurso del metraje encontrado le da a la película un tono documental que potencia la incomodidad del espectador. Cada plano recuperado suma una capa de verosimilitud, como si lo que se ve en pantalla fuera el registro real de un experimento que salió mal y no una ficción calculada.

Por el momento, la producción mantiene en secreto al director, al elenco y la fecha de estreno. La única certeza es esta premisa desconcertante, que alcanza para revivir el desconcierto de un lugar donde los pasillos no terminan y el amarillo de las paredes se convierte en una condena. El resto de la historia, igual que las Backrooms, sigue envuelto en misterio.