(BUENOS AIRES).- “Habéis visto demasiadas películas”, le dice Rafa, un veterano abogado, a sus colegas en una escena de Perdiendo el juicio. La serie española que integra, creada por Susana López Rubio, Jaime Olías de Lima y Javier Holgado, desembarcó en Netflix el 12 de junio de 2026 y ya se trepó al primer puesto de las diez más vistas en la Argentina dentro de la plataforma.
La trama gira en torno a Amanda Torres Holgado, una abogada brillante de Madrid interpretada por Elena Rivera. Su carrera se desmorona en pleno juicio cuando sufre un grave brote de su Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), un episodio que la obliga a reinventarse profesionalmente en un bufete decadente, muy alejado del prestigio que supo tener. Es ahí donde el abogado Gabriel Ochoa (Manu Baqueiro) le da una segunda oportunidad, formando una dupla de opuestos que, como marca el manual del género, termina por construir una sociedad ideal.
El conflicto personal que atraviesa toda la temporada se desata cuando Amanda debe asumir la defensa de su hermana Daniela (Carol Rovira), acusada de asesinar a su futuro marido minutos antes de casarse. Con la urgencia de evitar que Daniela vaya presa, la protagonista se sumerge en una investigación que mezcla el drama familiar con un thriller criminal, mientras lidia con su exmarido César (Miquel Fernández) y las limitaciones que le impone su TOC.
En ese nuevo entorno laboral, la serie encuentra sus mejores chispazos de comedia gracias a un variopinto equipo de letrados. Está Rafa (Alfonso Lara), un abogado a punto de jubilarse más interesado en el billar que en los tribunales; Barbie (Lucía Caraballo), una joven exconvicta devenida en pasante; y Bosco (Daniel Ibáñez), otro pasante que oculta su verdadero origen. Las tensiones y enredos entre ellos aportan la liviandad necesaria a un relato que coquetea con lo sentimental.
A lo largo de sus diez episodios de aproximadamente 50 minutos, la producción recoge la tradición de las series estadounidenses y británicas sobre abogados, apostando por un formato previsible pero efectivo. Cada capítulo desarrolla un “caso del día” mientras avanza el arco central, en una estructura que ya funcionó en la televisión abierta española: la serie se emitió originalmente en Antena 3 durante 2025, tras un rodaje que había arrancado en septiembre de 2024 y concluyó en diciembre del mismo año. La dirección estuvo a cargo de Pablo Guerrero, María Togores y Jaime Olías.
El desembarco en Netflix amplió el alcance global de esta ficción que ya había pasado por Atresplayer y Antena 3, y la ubicó entre los contenidos más elegidos por los suscriptores. La plataforma suma así otro drama judicial español a un catálogo que viene impulsando con fuerza las producciones europeas.
Qué dicen las críticas
La recepción de la crítica coincide en que la serie no inventa nada, pero cumple con entretener. Vanitatis apuntó contra la musicalización excesiva y señaló que “con abuso de música (y de alguna canción anglosajona) de fondo, uno sabe, desde los primeros minutos, que Perdiendo el juicio no pretende inventar la rueda”. Aun así, destacó el trabajo de la protagonista: “La actriz maneja la extravagancia de Amanda sin condenarla al ridículo o hacer burla de ella”. En una línea similar, Escribiendo Cine señaló que “lo más efectivo llega en el tramo final, cuando la serie vuelve a concentrarse en el caso que había impulsado la historia desde el comienzo” y sentenció que la producción “deja la sensación de una idea que nunca encuentra una forma consistente de desarrollarse”. Por su parte, Cine con Ñ publicó un comentario filoso: “Perdiendo el juicio ya está visto para sentencia. Gente trajeada viviendo aventuras aspiracionales en un mundo encapsulado que al menos intenta parecerse a un juzgado de verdad, con mucho humor, admitiendo la cutrez del tinglado y salpimentado con el drama, entre muchas comillas, de ver con qué fornido doncel acaba yaciendo la protagonista”.
