(BUENOS AIRES).- “Hoy contamos con él, pero es una opción real lo que se está hablando”, dijo Guido Pizarro, entrenador de Tigres, durante una conferencia de prensa y reavivó la negociación del mercado de pases. La declaración reactiva de lleno la ilusión de River, que sigue negociando contra reloj para quedarse con Ángel Correa.
Las palabras del director técnico argentino contrastan con la postura hermética que mantenía hasta ahora la institución. “Sabemos la calidad que tiene Ángel y ningún entrenador quisiera dejarlo ir. Sabemos que es un jugador fundamental y que un club como River lo quiera, con los números de los que se está hablando, marca la magnitud de jugador que es”, había empezado a calentar la previa Pizarro.
Y fue más allá al admitir que su prioridad es armar un equipo competitivo, pero que no desoye a sus dirigidos: “Yo siempre trato de escuchar a los jugadores, su sentir. Como entrenador me ocupa que el equipo sea competitivo. Hoy contamos con él, pero es una opción real lo que se está hablando. A mí me ocupa que nosotros nos enfoquemos en lo nuestro”. La puerta, aunque con candado económico, quedó entreabierta.
Esa postura alimenta la estrategia de River, que ya tiene acordadas las condiciones contractuales con Correa y sabe que el futbolista presiona para usar la camiseta de la banda roja. El objetivo prioritario de la dirigencia de Núñez es sumar a Correa a préstamo o mediante una compra escalonada, pero por ahora los números no cierran.
La barrera de los 16 millones
Del otro lado del mostrador, Carlos Valenzuela, vicepresidente de Tigres, mantiene su postura inflexible. Ya lo había definido como “parte fundamental del esquema de Guido Pizarro” y había sentenciado que no existía ninguna intención de transferir a Correa si no se pagaba la cláusula de rescisión.
Para la directiva felina, la única llave de salida es un piso de 16 millones de dólares, tan solo dos millones por debajo de esa cláusula. La primera oferta formal de River, sin embargo, quedó muy lejos: apenas 10 millones de dólares que en México no alcanzaron a mover la aguja.
Con el guiño público de Pizarro como nueva variable, el camino deja de ser un paredón para convertirse en una negociación que todavía tiene margen. La moneda está en el aire y la última palabra la seguirá teniendo la tesorería de Tigres. Ahora, la pelota vuelve a quedar en campo millonario: para concretar el golpe del libro de pases, River deberá estirar la propuesta o buscar una ingeniería de bonos que acerque las cifras antes de que los tiempos del mercado digan basta.
