(Por Diego Nofal).- El gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, transita un momento de excepcional sintonía política con Javier Milei, un vínculo que se fortalece a diario aunque el mandatario jamás haya renunciado a su raíz peronista. Esta relación le otorga a la provincia un canal directo con la Casa Rosada y se traduce en una estabilidad de gestión que Jalil busca exprimir al máximo en los próximos meses.
La constitución provincial le abre a Raúl Jalil dos ventanas posibles para los comicios, una en marzo y otra en octubre, aunque el mandatario ya tiene claro cuál le conviene para sus intereses. Marzo representa un escenario demasiado vertiginoso y prematuro para los planes políticos del gobernador, quien pretende capitalizar hasta el último instante su fluida comunicación con el presidente libertario.
El fantasma del pato rengo y la figura de Saadi
Estirar el calendario electoral hasta octubre constituye una defensa política para esquivar el temido síndrome del pato rengo, un desgaste institucional que licúa la autoridad de cualquier mandatario saliente en la recta final. Quien espera con lógica expectativa ocupar ese lugar es el intendente de la capital, Gustavo Saadi, y una elección adelantada le transferiría el poder real de manera inmediata.
La gran interrogante que mantiene en vilo el armado político de Raúl Jalil reside en la respuesta que tendrá La Libertad Avanza frente al gesto de no desdoblar los comicios provinciales. El temor latente es que el oficialismo nacional retribuya la cortesía con candidatos de bajo perfil o clase B para no desgastar a sus espadas más valiosas en un distrito complicado.
Al gobierno de Javier Milei le perjudica enormemente que los distritos provinciales anticipen sus procesos electorales y existe una primera razón muy clara que proviene de la experiencia reciente en las urnas. Mientras La Libertad Avanza sufrió una dura seguidilla de derrotas en los comicios locales, cuando el propio Javier Milei apareció en la cancha nacional la fuerza se impuso con una autoridad aplastante.
Atar las elecciones locales a las nacionales le permite a la Casa Rosada nacionalizar la campaña y maximizar así las posibilidades de triunfo en todo el país. La segunda razón opera como el reverso exacto de ese planteo y se relaciona con la difícil coyuntura que el oficialismo nacional enfrenta hoy en las mediciones de opinión pública.
El escándalo que involucró a Manuel Adorni dejó una herida profunda en el relato libertario justo cuando la economía no logra despegar del todo y el humor social flaquea. Ante este complejo panorama, el presidente Milei sabe que el margen de maniobra es mínimo y que necesitará poner toda la carne al asador para asegurarse su continuidad en el poder.
Un final de mandato con los dientes apretados para Jalil
Sincronizar las elecciones provinciales y nacionales en octubre garantiza que las distintas franquicias locales del espacio libertario se jueguen a fondo sin ningún tipo de reservas ni especulaciones. Cada eventual triunfo provincial en esa primera vuelta electoral local aportaría un caudal de aire fresco y músculo político capaz de empujar la candidatura presidencial hacia la reelección.
Con esta jugada maestra de calendario y alianzas, Raúl Jalil se posiciona como un socio estratégico e imprescindible para la Casa Rosada en medio de la reconfiguración del poder territorial. Mientras tanto, Gustavo Saadi observa paciente cómo se estiran los plazos de la ansiada sucesión, en un escenario donde Jalil retiene hasta el final las riendas del poder.

