(Por Diego Nofal).- El gobernador Raúl Jalil repite con obstinación que el cincuenta por ciento de los ciudadanos reclama un acuerdo incondicional con la Casa Rosada. El origen de ese guarismo es un misterio porque las encuestas jamás salieron a la luz ni fueron auditadas. Esa falta de transparencia evidencia que el número es un disfraz para una ambición personal de integración al gabinete nacional.
Con ese endeble argumento el gobernador pretende justificar su silencio obediente frente a cada medida del poder central. La retórica de la defensa provincial es una mera pantalla para ocultar un alineamiento que le garantice un futuro ascenso político.
Raúl Jalil no esconde su deseo de abandonar Catamarca para ocupar un cargo relevante en la estructura nacional. El supuesto acuerdo popular que él invoca es el trampolín perfecto para mostrarse como un aliado útil ante la Casa Rosada. Cada declaración suya parece calculada para ganar la aprobación de los funcionarios nacionales más que para resolver los problemas de los catamarqueños.
El gobernador celebra con exagerado optimismo que el régimen de incentivo a las grandes inversiones aceleró la llegada de capitales mineros. Esa exaltación del extractivismo contrasta con el silencio sobre los magros beneficios que esas explotaciones dejan en las arcas provinciales. Cuando sentencia que cada uno debe atender su realidad política, naturaliza una dependencia de la minería que solo favorece a un puñado de empresarios foráneos.
La postura de Jalil contra las PASO, en medio del juego político
El gobernador embiste contra las PASO con el argumento de que son una encuesta excesivamente cara para el erario público. Esa prédica despectiva contra el sistema de primarias revela su vocación por concentrar la decisión en cúpulas cerradas y alejarla del soberano.
Jalil propone que los partidos definan candidatos mediante acuerdos de élite o internas sin fiscalización ciudadana. Ese retroceso institucional despoja a los catamarqueños de la posibilidad de incidir en la selección de quienes aspiran a gobernar. El regreso a los conciliábulos partidarios no fortalece la identidad de las organizaciones sino el poder de los jefes territoriales. La verdadera motivación es blindar su armado provincial y eliminar cualquier sorpresa electoral que pueda jaquear su hegemonía.

Una retórica orientada a venderse como socio para la Casa Rosada
En el fondo, toda la retórica de Jalil está orientada a venderse como un socio confiable para la administración nacional. El número mágico del cincuenta por ciento, la exaltación del régimen minero y la embestida contra las PASO son capítulos de una misma estrategia de autopromoción. Los catamarqueños asisten perplejos a un espectáculo donde su gobernador actúa más como candidato a un cargo nacional que como defensor de la provincia.
La ausencia de encuestas públicas confirma que el supuesto apoyo popular es una coartada para encubrir un proyecto estrictamente individual. Su alineamiento incondicional no surge de un mandato popular genuino sino del cálculo de quien busca asegurarse un lugar en el próximo gabinete. Así, la provincia queda reducida a un mero escalón en la carrera de un gobernante que mira más a Buenos Aires que al interior de Catamarca.

