(BUENOS AIRES).- La torta alemana de ciruelas es una receta que aprovecha la fruta de estación con una masa de levadura esponjosa y un toque de canela. El equilibrio entre el dulzor y la acidez la convierte en una opción ideal para la merienda o el cierre de un almuerzo familiar.
Esta preparación respeta los pilares de la pastelería centroeuropea: un leudado prolongado que le da una textura aireada y liviana, y un armado que aprovecha al máximo el jugo de la fruta. A diferencia de otras tortas, las ciruelas se hunden apenas en la masa antes de hornear; durante la cocción sueltan su líquido y caramelizan sin empapar la miga, gracias al truco de los bay biscuits molidos.
El primer paso de esta receta es armar la esponja de levadura. Según la preparación original, “en un recipiente desgraná la levadura en la leche tibia, incorporá 4 cucharadas de la harina y dejá leudar en un lugar templado”. Ese fermento es el motor de una masa con miga bien húmeda.
Sobre la mesada, “volcá el resto de la harina tamizada en forma de corona sobre la mesada, y en el centro poné el azúcar, la sal, los huevos y la esponja de levadura”. Tomá la masa desde el centro hacia los bordes, formá un bollo parejo y dejala leudar tapada durante tres horas, hasta que esté bien inflada.
Mientras la masa levanta, lavá las ciruelas, retirales el carozo y cortalas en gajos. Cuando esté lista, estirá la masa suavemente con palote y cubrí una tartera enmantecada y enharinada. Distribuí sobre la base los bay biscuits molidos —la capa que absorbe el exceso de líquido— y acomodá los gajos de ciruela bien juntos, hundiéndolos apenas en la masa.
Rociá la fruta con el azúcar mezclada con canela y repartí por encima trocitos de manteca. Cociná en horno moderado durante 45 minutos: la manteca se funde con el azúcar y el jugo de las ciruelas, formando un almíbar ligero. La receta está en su punto justo cuando la masa se ve dorada y la fruta queda tierna pero no se desarma.
Apenas sale del horno, dejá entibiar la torta y espolvoreá con azúcar impalpable. Servila tibia o a temperatura ambiente, sola o con una bocha de crema. Es una receta simple que, con paciencia en el leudado y ciruelas bien maduras, se vuelve inolvidable. Si todavía no la hiciste, esta es la temporada indicada para probarla.
