(BUENOS AIRES).- Tres recetas de chipá conquistan a los fans del queso con opciones que van desde la versión clásica hasta una alternativa proteica, pasando por una variante con calabaza. Las tres comparten la posibilidad de cocinarse tanto al horno como en freidora de aire y la ventaja de poder congelarse en crudo para tener un bocado caliente a mano en cualquier momento.
La base inconfundible de estos bocados es la fécula de mandioca, naturalmente sin gluten, que les aporta esa textura particular de punto chicle. La abundancia de queso, que se funde durante la cocción, invade la boca de sabor. Lo ideal es comerlos bien calentitos, recién salidos del horno o la freidora.
La primera variante es el chipá de calabaza, una propuesta que sorprende por su color y la sutil dulzura que le da el zapallo. Lleva 230 gramos de puré de calabaza —se recomienda la variedad cabutia por ser más seca—, dos huevos, unos 250 a 300 gramos de fécula de mandioca y 200 gramos de una combinación de queso parmesano y gouda. En freidora de aire se cocina a 180 grados durante 10 a 12 minutos; en horno tradicional, precalentado a fuego fuerte (200 grados), demanda entre 12 y 15 minutos. El rendimiento es de 15 a 18 unidades.
La opción pensada para quienes buscan cuidarse sin resignar sabor es el chipá proteico. Se destaca por un contenido graso bastante menor que el tradicional y un aporte proteico superior, gracias al reemplazo de la manteca por lácteos magros. La receta combina 150 gramos de ricotta magra, 100 gramos de queso por salut y otros 100 gramos de queso rallado, además de leche descremada caliente. En freidora de aire va a 200 grados durante 12 a 14 minutos (dándolos vuelta a mitad de cocción), mientras que en horno se cocina a 200 grados entre 15 y 18 minutos. Rinde de 25 a 30 unidades medianas.
El chipá tradicional o chipá almidón es la versión de panadería, con una corteza crujiente y un interior bien esponjoso. Incluye un secreto de los maestros chipaceros: un chorrito de jugo de naranja exprimido, que ayuda a incorporar aire a la masa. Entre sus 250 gramos de queso cáscara colorada (tipo Mar del Plata o criollo) y los 150 gramos de parmesano o sardo rallado, el sabor a queso es bien marcado. En horno tradicional se cocina a 200 grados durante unos 15 minutos, y en freidora de aire a 190 grados durante 10 a 12 minutos, sacudiendo la canasta a la mitad del tiempo. El rendimiento es de 20 a 25 unidades grandes o roscas.
Un punto fuerte de las tres recetas es la posibilidad de congelar los chipás en crudo. Basta con armar los bollitos, colocarlos separados en una placa, llevarlos al freezer y, una vez duros, guardarlos en una bolsa para cocinarlos directamente cuando se antojen.
Para la versión proteica hay un tip extra: la textura mejora notablemente si los chipás van del freezer directo al calor, sin descongelar. De esa manera, el snack potente para una tarde, una picada o una noche de TV queda resuelto en minutos y siempre a mano.
