(BUENOS AIRES).- Muchas veces, las adicciones se viven en silencio y afectan a personalidades famosas y reconocidas, que aparentan estar bien delante de cámara. Por eso, causó fuerte impacto la confesión este martes de Roberto Navarro, reconocido periodista político vinculado al kirchnerismo, quien sin vueltas se animó a revelar que fue víctima del alcoholismo durante diez años. Y en los micrófonos de El Destape, detalló la forma en que afectó su vida personal y profesional,
“El alcoholismo es una enfermedad crónica y progresiva.” La definición, despojada de todo eufemismo, salió al aire en boca del conductor, que esta mañana hizo una confesión paralizante sobre los diez años en los que fue adicto al alcohol. Fue la primera vez en que el conductor de El Destape habló por primera vez con crudeza de aquella etapa, del calvario para dejarlo y de la sobriedad que mantiene desde hace casi dos décadas.
“Tomé mucho entre los 40 y los 50”, relató Navarro durante una charla con sus compañeros. Esa fue la franja en la que el consumo se volvió incontrolable: “Nosotros éramos un grupo de parejas y todos tomábamos igual. El único que un día no pudo parar de tomar fui yo”. Ahí apareció la certeza de que no era una cuestión de voluntad. “Es una enfermedad congénita”, sostuvo.
El deterioro fue en aumento, sin estridencias pero sin pausa. “Cuando empecé a tomar tenía como cinco laburos, como tiene mucha gente, y empecé a dejar trabajos. Dejé el de las seis de la mañana. No podés”, contó el periodista. La enfermedad, explicó Navarro, es insidiosa: no estuvo diez años tomando todo el día, sino que se trata de una afección creciente en la que cada vez se está peor. “No hay borrachos viejos; de algo te morís. Entonces tenés que cortar y dejar de tomar”, advirtió.
El punto de inflexión llegó con una imagen que Navarro sintetizó en tres palabras: “Vi llorar a Flor” (por su hija). Ese fue el quiebre que lo llevó a buscar ayuda. Primero recurrió a los adventistas en Puiggari. Después probó con una reunión de Alcohólicos Anónimos, pero la experiencia se frustró por su exposición pública. “Yo fui y todos me empezaron a pedir fotos. Dije: ‘Yo no puedo estar acá’”, relató con ironía. Más tarde encontró un espacio para gente famosa, pero la asistencia no se prolongó: “Fui un año más o menos y no fui más. Se ve que no era para tanto, pero a veces te saludás con algún padrino, alguien que te ayudó. Son vínculos que hacés”.
Navarro y la actual sobriedad
Navarro dejó el alcohol hace entre 17 y 20 años y no se permite el más mínimo desvío. “No puedo tomar una copa de alcohol. Si tomo una copa, me tomo dos botellas”, explicó. La lógica es férrea: “La sobriedad significa que nunca más voy a probar una copa de alcohol. Así no voy a ser alcohólico, simplemente porque decido mantener esa sobriedad”. Las recaídas que presenció en otros lo convencieron del todo. “Estuvieron 20 años sin tomar, probaron una copa y volvieron a ser alcohólicos. Se dan por vencidos. Así que cuando pudiste dejar, no tenés que acercarte nunca más”.
Esa memoria sensorial no desaparece. “El otro día fui a cenar con un consultor económico y me acercó mucho la copa. Sentí el olor y le dije: ‘Sacame esa copa de ahí’”. Lo cuenta sin dramatismo pero con la gravedad de quien aprendió a convivir con un riesgo constante. El mantra que resume esa pelea diaria es prestado: “‘Solo por hoy’. Nunca estás seguro”.
Ahora, a la distancia, Roberto Navarro habla del alcoholismo como lo que es para él: una enfermedad durísima. “Es muy difícil salir. Muy difícil”, cerró.
