(BUENOS AIRES).- «¡Soy re culposa! Sé que estoy re presente pero se ve que estoy tan presente que las pocas veces que no, me agarra la culpa.» Sabrina Rojas puso en palabras lo que muchas madres sienten y no siempre cuentan. La conductora de Pasó en América habló sobre la adolescencia de Esperanza (13) y el fin de la primaria de Fausto (11) —los hijos que tuvo con Luciano Castro— y contó por qué la atormenta tanto el paso del tiempo.
Todo surgió cuando le preguntaron cómo se organiza con su trabajo nocturno. «No sabía cómo iba a hacer y la vida se acomoda sola», explicó Rojas. Aseguró que logra ir a buscarlos al colegio y acompañarlos a actividades extra como fútbol o comedia musical, pero que por la noche «tengo una señora que me ayuda, les cocina y se queda con ellos hasta que regreso a casa».
La actriz y modelo admitió que, para rendir, a veces duerme una siesta por la mañana luego de dejar a los chicos en clase. «Me despierto tipo 10.30 y siento que perdí toda la mañana. Me agarran todas las culpas juntas», reconoció, aunque aclaró que con el tiempo entiende «que no está mal que duerma un ratito a la mañana».
Sabrina Rojas analizó que la culpa viene de la mano con el rol actual de la mujer. «La niñez pasa muy rápido y vivimos en un mundo en el que antes las mujeres solo eran mamá y hoy somos todo: madres, mujeres, amigas, laburamos, queremos tener una vida social», reflexionó. Y puso de ejemplo a su propia madre: «No recuerdo una mamá con una vida social de amigas y decir: ‘No, mamá no está porque se juntó con una amiga'».
Con Esperanza recién entrando en la adolescencia, Rojas notó un cambio en la dinámica familiar. «Ya están como en una cosa más individual, cierran las puertas de sus cuartos y no me necesitan tanto», señaló. Incluso contó que a veces les explica que debe trabajar todo el día y ellos le responden: «Ok, es tu problema, no el nuestro, si nosotros estamos bien».
«Fausto termina la primaria este año y voy duelando las etapas», confesó Sabrina Rojas. La conductora rememoró el impacto que tuvo para ella la última vez que dejó de comprar pañales: «Me pasó cuando ya no más pañales y cuando me di cuenta en el supermercado de que ya no tenía que comprar más pañales sentí una cosita en el pecho. Ahí entendí que era una etapa que no iba a volver».
Esa sensación de pérdida se repite hoy cada vez que sube la escalera de su casa. «Ahora me pasa que siento un nudo en el estómago cuando subo y veo sus puertas cerradas, cuando antes tenían miedo de tener la puerta cerrada», describió. Para Sabrina Rojas, el paso del tiempo es un tormento que nada tiene que ver con lo estético: «A mí el paso del tiempo me atormenta un poco pero no con lo estético sino con que se terminan etapas que no vuelven».
