ESPECTÁCULO

Amenazas, FBI, Tapia, apuestas, Malvinas: las teorías conspirativas detrás de la derrota de la Selección Argentina en el Mundial 2026

 

El capitán argentino habló con el entrenador tras el partido.

 
Selección Argentina
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(BUENOS AIRES).- “Perdimos porque ellos jugaron mejor, está bueno reconocerlo”, dijo Lionel Scaloni, técnico de la Selección Argentina, después de caer por 1-0 ante España en la final del Mundial 2026. La autocrítica del entrenador de la Selección Argentina, sin embargo, no alcanzó para frenar una catarata de relatos alternativos: en X, TikTok, Facebook y YouTube se multiplicaron teorías conspirativas que le atribuyen la derrota a presiones externas, intereses políticos y maniobras ocultas. La arenga íntima de Lionel Messi antes de salir al campo —“Olvidémonos de todo”— fue reinterpretada masivamente como una supuesta referencia a un arreglo para dejarse perder.

Una de las versiones que más circuló sostiene que la FIFA mantiene un mandato para impedir que existan bicampeones en los mundiales y que, por eso, la federación intervino para cortarle el paso a la Selección Argentina. En la misma línea, otra narrativa afirmó que el FBI intentó detener en pleno estadio MetLife al presidente de la AFA, Claudio Tapia, lo que habría tensado al plantel antes del partido.

Los futbolistas argentinos que actúan en la Premier League quedaron bajo una lupa conspirativa particular. De acuerdo con cientos de posteos, Cristian Romero, Lisandro Martínez y Enzo Fernández recibieron presiones de la corona británica para bajar el rendimiento o incluso hacerse expulsar. La hipótesis de una supuesta protección a los clubes ingleses se repitió en foros y plataformas de streaming.

Otro foco de especulación fue la bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas” que el plantel de la Selección Argentina exhibió tras la semifinal contra Inglaterra. La teoría más extrema indicó que altos funcionarios de la FIFA reaccionaron con furia a la provocación política y amenazaron a la delegación con sanciones si no entregaban el título. A esa lectura se acopló la idea de un enojo explícito de la UEFA que habría torcido el arbitraje del esloveno Slavko Vincic durante la definición.

En paralelo, ganaron terreno las conjeturas ligadas al negocio de las apuestas. Se dijo que varios defensores simularon lesiones para favorecer a determinados apostadores, y que los familiares de los jugadores recibieron amenazas para que el equipo disminuyera su nivel. Incluso se instaló la versión de que la ausencia de los allegados en el hotel de concentración respondió a un pacto para evitar riesgos mayores, todo sin ninguna prueba que lo respalde.

La circulación de explicaciones extraordinarias no empezó con la final. Durante la Copa del Mundo, desde distintos países se había acusado a la Selección Argentina de ser beneficiada por el arbitraje y por decisiones de la FIFA, relatos que tras la derrota simplemente cambiaron de signo y convirtieron al mismo equipo en víctima de un perjuicio planificado.

El volante Rodrigo De Paul le puso palabras al malestar por esas acusaciones cruzadas: “Miré cuánta gente esperaba esta caída, instalando durante toda la Copa del Mundo conspiraciones infundadas para calmar el dolor de otro por no poder vivir lo que todos los argentinos estábamos viviendo”. La declaración, junto con la admisión futbolística de Scaloni, terminó de marcar la distancia entre el análisis puertas adentro del plantel y la fábrica de hipótesis que estalló afuera.