(BUENOS AIRES).- "Mi mamá me usaba para sus redes sociales. Nos hacía cosquillas para que salgamos sonriendo en las fotos". La frase pertenece a Tomás Cataldi, quien expuso de esa manera el método que empleaba su madre, la influencer Geraldine Mayer, para mostrarlo como un hijo feliz frente a sus seguidores.
Cataldi reconstruyó una foto en particular en la que las cosquillas no eran un juego, sino un mecanismo para forzar una expresión. "Me hacía cosquillas y dolía también, pero era como que para forzar una foto", describió. El joven recordó que las imágenes se sucedían una tras otra con la misma lógica: "Me empezaron a pasar muchas fotos, y recordé una también que sí me había pasado".
El relato de Cataldi expone la distancia entre la imagen pública que construía su madre y la realidad puertas adentro. Mientras las publicaciones retrataban una familia idílica, la intimidad incluía dolor y manipulación para conseguir la foto perfecta. En ese sentido, admitió que en aquella época no entendía lo que ocurría: "Yo no lo sabía en su momento, ahora lo sé".
El joven calificó la situación como "bastante fuerte" y amplió: "No sabía que también usaba, que me parece bastante fuerte, que te usen para las redes sociales". Esa frase, según sus palabras, resume lo vivido y recién ahora termina de dimensionarla.
Sharenting: el fenómeno detrás del relato
Esa práctica tiene un nombre concreto: sharenting, la exposición de la vida de los chicos en internet por parte de sus padres. El propio Cataldi lo mencionó con una pronunciación aproximada: "Serenting se llama eso, ¿no?". El término alude a la combinación de "share" (compartir) y "parenting" (crianza), y describe la sobreexposición de menores en plataformas digitales con fines comerciales o de validación social.
Más allá del malestar físico, el joven señaló el uso de su persona como un activo para las redes sociales de su madre. La denuncia de Cataldi no apunta solo al dolor de las cosquillas forzadas, sino a la lógica de convertir a un hijo en contenido: "Que te usen para las redes sociales" fue la expresión que eligió para sintetizarlo.
Con la distancia de los años, Cataldi puso nombre a lo que antes era confusión. "Ahora lo sé", repitió, y dejó en claro que detrás de cada sonrisa forzada operaba un negocio familiar del que él era el principal producto. Su testimonio reaviva el debate sobre los límites del sharenting y el derecho a la privacidad de los chicos expuestos por sus propios padres.
