(BUENOS AIRES).- La FIFA desató un escándalo en el Mundial 2026 al suspender la sanción por expulsión del delantero estadounidense Folarin Balogun, después de que el presidente Donald Trump llamara a Gianni Infantino para pedir la revisión de la tarjeta roja. La medida, sin antecedentes en décadas, dejó al goleador habilitado para disputar los octavos de final ante Bélgica.
Balogun había recibido roja directa por una falta sobre el defensor bosnio Tarik Muharemovic durante la victoria por 2 a 0 de Estados Unidos frente a Bosnia y Herzegovina, en treintaidosavos de final del Mundial 2026. La suspensión automática de una fecha lo marginaba de la siguiente ronda. Días después, Trump se comunicó con Infantino y, según admitió, expresó su desacuerdo con lo que consideraba una sanción injusta, aunque aclaró que no dio una orden directa.
La FIFA resolvió suspender la ejecución del castigo amparándose en el artículo 27 de su Código Disciplinario, que permite dejar en suspenso una sanción durante un año de prueba. Tal como indicó el organismo en un comunicado, "la ejecución de la suspensión de partido queda suspendida durante un periodo de prueba de un año". De esa manera, Balogun quedó habilitado para enfrentar a Bélgica. Fue la primera vez en décadas que una expulsión se revierte en plena Copa del Mundo.
La decisión generó una reacción fulminante. La UEFA y varias federaciones europeas cuestionaron con dureza la resolución y denunciaron una "línea roja" cruzada por la FIFA al permitir intervenciones políticas externas. Bélgica, rival directo de Estados Unidos, manifestó sorpresa e indignación y confirmó que estudia acciones formales contra el organismo rector del Mundial 2026.
Trump agradeció públicamente a la FIFA por la suspensión, mientras que Infantino intentó bajarle el tono al conflicto. El presidente de la FIFA reconoció la existencia del llamado, pero sostuvo que la medida fue tomada por los órganos disciplinarios correspondientes. La secuencia reavivó las críticas a la estrecha relación entre ambos dirigentes, un vínculo que ya había sido señalado en otras oportunidades.
El episodio puso en debate la independencia del fútbol mundial. La injerencia de un jefe de Estado en una sanción disciplinaria despertó sospechas sobre la transparencia del torneo y abrió un interrogante sobre posibles antecedentes futuros. La posibilidad de que líderes políticos influyan en decisiones arbitrales o disciplinarias genera preocupación en torno a la integridad de la competencia.
Con Balogun nuevamente en cancha, Estados Unidos se alista para el cruce de octavos ante Bélgica, mientras afuera del campo de juego la polémica no cede. La Federación belga espera una respuesta formal de la FIFA a sus planteos.
