(BUENOS AIRES).- “Julián Álvarez es ese superhéroe sin un gramo de vanidad”, definió Juan Pablo Varsky luego de la victoria de Argentina por 3-1 ante Suiza en los cuartos de final del Mundial 2026. El periodista desmenuzó la actuación de Julián Álvarez, autor de un golazo en el minuto 112 y de un quite decisivo en el 120, para construir un análisis que combinó estadística, emoción y una comparación con Alfredo Di Stéfano.
“La quinta de Julián Álvarez mide 105 por 70”, graficó Varsky, en alusión al libro de memorias del legendario jugador argentino-español. Para el analista, Álvarez encarna al “jugador de toda la cancha” que interviene en todas las fases del juego. Dejar la vida, correrse todo, correr a todos, presionar, molestar y también clavarla en el ángulo, resumió Juan Pablo Varsky sobre la entrega del delantero.
Los números que Varsky extrajo del FIFA Training Center respaldaron su elogio. Julián Álvarez corrió 13.653 metros en el partido, presionó al rival en 24 ocasiones y alcanzó una velocidad máxima de 35 kilómetros por hora. Además, fue el futbolista que más metros recorrió en zona de sprints y se ofreció como opción de pase 52 veces. “Se tiene que ser un modelo para las divisiones juveniles, por sus fundamentos, su entrega física, su comprensión táctica del juego y sobre todo su voluntad”, sostuvo.
El partido había arrancado con un gol tempranero de Alexis McAllister a los 10 minutos, tras un cabezazo a la salida de un córner ejecutado por Messi. A partir de ahí, el trámite fue más sufrido de lo que el resultado final sugiere. Suiza empató a los 67 por medio de Ndoye, en una jugada que encontró mal parada a la defensa argentina por el sector derecho. El equipo estaba muy pasivo, sobre todo el bloque derecho con Molina y De Paul, cuestionó Juan Pablo Varsky.
El propio Varsky le puso palabras a la frustración de esos minutos: aunque no le gustó cómo manejó el seleccionador ese tramo, señaló que entre el minuto 51 y el 88 la Argentina estuvo 37 minutos sin patear al arco, con tres atajadas clave de Emiliano Martínez antes del empate suizo. Recién a los 78 ingresó Nico González por Tagliafico, y a los 85 llegaron Lautaro Martínez y Montiel.
El punto de inflexión
El desarrollo cambió radicalmente a los 72 minutos, con la expulsión del suizo Mbolo. El árbitro portugués le había mostrado amarilla a Leandro Paredes por una infracción que, tras la revisión del VAR, se determinó que era una simulación del rival. Como Mbolo ya estaba amonestado, vio la roja. Varsky explicó que se activó el protocolo de “Mistaken Identity” porque el juez había sancionado al jugador equivocado, y defendió la decisión: la expulsión termina siendo correcta, con un punto de severidad que nace del árbitro.
Juan Pablo Varsky también puso la lupa sobre el rendimiento del mediocampo. Remarcó que Leandro Paredes fue el jugador que más intentó romper líneas con pases largos —18 veces, con un 100% de aciertos— y que, junto a Alexis McAllister, fue de lo más rescatable en la mitad de la cancha. En cambio, Rodrigo De Paul y Enzo Fernández tuvieron una noche de bajo nivel. “Ha ido de más a menos”, analizó sobre De Paul, y dejó planteada la duda sobre su titularidad ante Inglaterra.
Con el partido 1-1 y un jugador más, Argentina dominó el alargue. Varsky valoró los ingresos de Thiago Almada —“un impacto importante”— y de Flavio “Flaco” López, cuyo rol fue clave en el 2-1: se la guardó, se la guardó y se la pasó a Julián, y Julián la clavó arriba. Después llegó el quite de Álvarez en el minuto 120, que terminó en el rebote del 3-1 convertido por Lautaro Martínez. Para Juan Pablo Varsky, el equipo volvió a reaccionar cuando el contexto lo exigía: este equipo siempre encuentra una manera de ganar los partidos.
“Ningún partido es igual a otro, ningún rival es igual a otro, y ningún contexto es igual a otro en el fútbol”, razonó Varsky de cara a la semifinal contra Inglaterra. Destacó que por primera vez desde Italia 90 hay cuatro campeones del mundo en esta instancia y subrayó las conexiones argentinas con la Premier League, aunque advirtió sobre el desgaste físico del plantel y la necesidad de redefinir el mediocampo ante rivales de mayor biotipo atlético.
El análisis cerró con un homenaje íntimo. Varsky recordó que su madre hubiera cumplido 78 años el 10 de julio, día del partido, y que el título del libro de Di Stéfano, “Gracias vieja”, le sirvió como puente emocional: siempre se acuerda de ella en estos momentos. Así como empezó con aquella referencia a la obra del gran Alfredo Di Stéfano, Juan Pablo Varsky le dedicó el análisis a su mamá y le dijo “gracias vieja” también.
