VIDA Y ESTILO

El legado menos conocido de Sam Neill: el vino que emocionó al mundo tras su muerte 

 

Hoy evocamos su faceta más creativa y menos conocida, aquella que ocupó buena parte de su vida durante más de tres décadas: la de viticultor.

 
Sam Neill
Sam Neill

(Por Carolina Mena Saravia para El Intransigente).- Sam Neill, el recordado doctor Alan Grant de “Jurassic Park”, será recordado por este inolvidable papel, aunque también tuvo memorables intervenciones en producciones como La caza de Octubre Rojo, El piano o la serie Peaky Blinders. Aún lejos de Hollywood, y alejándonos de sus versiones más recordadas, hoy evocamos su faceta más creativa y menos conocida, aquella que ocupó buena parte de su vida durante más de tres décadas: la de viticultor.

Tras su fallecimiento, ocurrido el 13 de julio a los 78 años, esa pasión silenciosa se transformó en un fenómeno mundial. Al conocerse esta faceta de su vida, miles de admiradores se volcaron a comprar sus vinos, tal vez como homenaje, con la seguridad de guardar un recuerdo de este magnífico actor.

Y este fue uno de los motivos por los cuales Neill nunca quiso “mezclar” sus dos pasiones, evitando que sus vinos fueran conocidos por su fama internacional. En pleno auge de su carrera, allá por 1993, plantó sus primeras vides en Central Otago, Nueva Zelanda, en una pequeña bodega ubicada en una de las regiones vitivinícolas más australes del planeta, referente de la cepa pinot noir. Su íntimo deseo era que sus vinos fueran reconocidos por su calidad, y ese sincero comienzo dio origen a Two Paddocks.

Pronto este pequeño proyecto, que también era una ilusión personal, fue germinando con la adquisición de cuatro viñedos orgánicos en Gibbston, Bannockburn y Alexandra. La paciencia y la filosofía adoptadas desde el comienzo permitieron que la bodega fuera catapultándose hasta convertirse en una de las más reconocidas de Nueva Zelanda.

Por eso, lejos, muy lejos de la sofisticación, Sam Neill elegía referirse al trabajo que implicaba la espera, el campo que da vida a la vid y todo lo que conlleva una actividad apasionante, pero no por ello alejada de los bemoles de la industria. “La gente olvida la magnitud del trabajo que implica”, explicó a “Decanter” al referirse a la elaboración de vino orgánico y a las dificultades que acarrea el pinot noir, una cepa tan elegante como compleja.

Un homenaje proyectado en números

En cuestión de horas, las existencias de Two Paddocks comenzaron a agotarse tras la noticia de su fallecimiento. Nueva Zelanda se vio arrasada por el boom en ventas que significó este triste acontecimiento. No solamente ocurrió en el comercio electrónico, sino también en distintos establecimientos, donde las grandes cadenas llegaron a registrar ventas muy alejadas de la realidad cotidiana e incluso agotaron sus existencias, bondades de un mundo globalizado.

“Para muestra, basta una botella de vino”, cabría adaptar el conocido dicho en este caso. Los datos hablan por sí solos. La cadena Liquorland informó que las ventas del pinot noir de Two Paddocks crecieron un 1.828 % en apenas unos días. Algo impensado para un monoproducto en tan poco tiempo.

Así trepó desde el puesto 423 al quinto lugar del ranking nacional, y algunos distribuidores llegaron a multiplicar por cinco su volumen habitual de ventas. Nada de campañas publicitarias ni estrategias de marketing: fue la reacción espontánea de miles de personas que encontraron en una botella la manera de despedir a un actor que había sabido convertir el vino en una parte esencial de su vida. Un gesto que habla por sí mismo.

La directora de la bodega, Jacqui Murphy, resumió el fenómeno con una idea sencilla. “La gente nos ha estado diciendo que esta noche va a sentarse a ver una película de Sam Neill con una copa de pinot noir de Two Paddocks. Creo que ese es el homenaje más hermoso”, afirmó.

El vino, gran contador de historias

La historia de Two Paddocks habla por sí sola, porque el fundamento del prestigio de su pinot noir se debe a la tierra que lo ve nacer: Central Otago, en el extremo sur de Nueva Zelanda, una de las regiones vitivinícolas más australes del planeta. Allí, las marcadas diferencias entre las temperaturas del día y de la noche, la intensa luminosidad y los suelos de origen aluvial, cubiertos de gravas y esquistos, permiten obtener vinos de extraordinaria precisión, con frescura natural, elegancia y una capacidad de guarda fuera de serie.

Y allí donde Sam Neill puso el ojo, apuntó la bala. Central Otago era ese paisaje donde le estaba permitido desarrollar su añorado proyecto: montañoso, con ríos cristalinos y valles abiertos, donde la vid se desarrolló en un entorno natural. Un entorno que resultó ideal para el desarrollo de una cepa como el pinot noir, que encontró una identidad propia, diferente de Borgoña y que también toma distancia de otras regiones del Nuevo Mundo.

En cuanto a sus aromas, hablamos de frutas rojas, mineralidad, tensión y una delicadeza que habla por sí sola. Este es el entorno de Two Paddocks, que se unió a la tierra y adquirió su propia identidad, donde Sam Neill puso el nombre y la tierra lo suyo. Un verdadero maridaje de sabor.

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