El neurocientífico y exdiputado nacional Facundo Manes se refirió a la discusión sobre la salud mental del presidente Javier Milei y planteó un límite para el análisis de la conducta del mandatario. A través de una extensa publicación en redes sociales, explicó por qué considera que no corresponde realizar diagnósticos psiquiátricos sobre una persona que no fue evaluada clínicamente.
“No hay que psiquiatrizar la política”, sostuvo Manes al comenzar su publicación, en la que repasó un antecedente histórico que marcó el debate sobre la utilización de la psiquiatría en la política estadounidense. El neurocientífico recordó el caso de Barry Goldwater, senador republicano que fue candidato a la presidencia de Estados Unidos en 1964.
Por entonces, una revista consultó a más de 12.000 psiquiatras sobre si Goldwater estaba psicológicamente capacitado para ejercer la Presidencia. Según relató Manes, respondieron 2.417 profesionales y 1.189 consideraron que el candidato no era apto. Sin embargo, la enorme mayoría de los especialistas que participaron de la encuesta nunca había entrevistado ni evaluado personalmente a Goldwater.
La publicación de esas opiniones derivó en un escándalo. Goldwater demandó a la revista por difamación y ganó el juicio. Pero, según explicó Manes, el episodio tuvo además una consecuencia que trascendió aquel enfrentamiento político. La controversia llevó a la American Psychiatric Association a revisar sus normas éticas y, en 1973, se incorporó la denominada “Goldwater Rule”.
El principio establece que un psiquiatra puede explicar públicamente conceptos generales sobre salud mental, enfermedades psiquiátricas o comportamiento humano, pero no debería emitir una opinión profesional sobre una persona determinada sin haberla examinado adecuadamente y contar con autorización para divulgar esa evaluación.
El límite para hablar de la salud mental de Milei
A partir de ese antecedente, Manes explicó por qué considera que el mismo criterio resulta aplicable a la discusión actual sobre el Presidente argentino. “Un diagnóstico psiquiátrico no se realiza mirando entrevistas de televisión, discursos, publicaciones en redes sociales o apariciones públicas”, señaló. En ese sentido, explicó que una evaluación requiere una instancia clínica, una historia personal, contexto y evolución a lo largo del tiempo, además de información complementaria cuando sea necesaria.
El neurocientífico contó que durante los últimos días le consultaron “varias veces” por la salud mental de Milei. Su respuesta, según explicó, se apoyó precisamente en la experiencia derivada del caso Goldwater. “Puedo analizar conductas públicas, decisiones, discursos y sus consecuencias. Puedo hablar del impacto que determinados estilos de liderazgo, la agresividad, la incertidumbre o la polarización pueden tener sobre una sociedad. Pero no corresponde profesionalmente diagnosticar a distancia a una persona a la que no evalué”, afirmó.
La postura de Manes aparece en un contexto en el que las características personales y el estilo de comunicación de Milei son frecuentemente incorporados al debate político. El Presidente suele protagonizar fuertes cruces públicos, especialmente a través de las redes sociales, donde responde a dirigentes opositores, periodistas y distintos sectores que cuestionan su gestión. Sin embargo, para Manes, esos comportamientos pueden ser objeto de análisis político sin necesidad de convertirlos en diagnósticos clínicos.
“Una democracia no necesita demostrar que un gobernante tiene una enfermedad mental”
En uno de los pasajes centrales de su mensaje, Manes trasladó la discusión desde el campo médico hacia el político. “Una democracia no necesita demostrar que un gobernante tiene una enfermedad mental para juzgarlo”, afirmó. Según explicó, un Presidente puede ser evaluado a partir de sus decisiones y de la manera en que ejerce el poder.
También mencionó como parámetros su respeto por las instituciones, su capacidad de escuchar, la forma en que trata a quienes piensan diferente y las consecuencias concretas de sus políticas. “Y eso pertenece al debate democrático, no a la psiquiatría como disciplina”, remarcó. Manes también recordó que el debate sobre este tema volvió a adquirir relevancia durante la primera presidencia de Donald Trump.
Algunos profesionales de la salud mental llegaron a plantear que determinadas conductas del mandatario justificaban un supuesto “deber de advertir” a la sociedad. Otros especialistas, en cambio, advirtieron sobre el riesgo de transformar diferencias políticas o interpretaciones sobre comportamientos públicos en diagnósticos médicos. En ese contexto, la American Psychiatric Association volvió a reafirmar la llamada “Goldwater Rule”.
El riesgo de convertir la salud mental en un argumento político
Finalmente, Manes advirtió sobre las consecuencias que puede tener la utilización del lenguaje psiquiátrico como herramienta dentro de una disputa política. “Cuando transformamos comportamientos políticos que nos preocupan en diagnósticos clínicos corremos dos riesgos: debilitamos el rigor de la medicina y reforzamos el estigma que todavía pesa sobre millones de personas que viven con problemas de salud mental”, sostuvo.
En esa línea, remarcó que la salud mental no debería convertirse en una herramienta para descalificar a un adversario. “La salud mental es demasiado importante como para banalizarla en un insulto o en una disputa política”, afirmó. De todos modos, Manes dejó en claro que su postura no implica evitar las críticas hacia un mandatario.
Por el contrario, defendió la posibilidad de cuestionar con firmeza las acciones de cualquier gobierno, pero dentro de las reglas del debate democrático. “Podemos –y debemos– discutir con toda firmeza la conducta de todo gobernante. Pero para eso está la democracia”, concluyó.
