POLÍTICA

Otra vez García Castiella, otra vez Sofía Cornejo Solá y otra vez las sospechas

 

La sospecha de proximidad con el poder político vuelve a rodear al procurador y a la fiscal de Ciberdelincuencia.

 
Otra vez García Castiella, otra vez Sofía Cornejo Solá y otra vez las sospechas
Otra vez García Castiella, otra vez Sofía Cornejo Solá y otra vez las sospechas

(Por Federico Mena Saravia).- En Salta, Pedro García Castiella y Sofía Cornejo Solá vuelven a quedar en el centro de una historia incómoda. Otra vez aparecen cuestionamientos sobre el funcionamiento de la Justicia. Otra vez la sospecha de una proximidad excesiva con el poder político. Y otra vez los mismos nombres. Debe ser casualidad. El problema es que, cuando las casualidades se repiten demasiado y siempre alrededor de los mismos protagonistas, empiezan a necesitar mejores abogados.

Esta vez el protagonista es un teléfono celular. El del periodista Gustavo Vaccarella. Fue secuestrado en diciembre de 2024 en el marco de la causa Ramasco y quedó bajo custodia del Cuerpo de Investigaciones Fiscales, el CIF, dentro de la estructura del Ministerio Público Fiscal conducido por García Castiella. Casi dos años después, Vaccarella fue imputado por la presunta tenencia de material de abuso sexual infantil encontrado en ese dispositivo. La Justicia tenía el teléfono. El teléfono se supone tenía el material. Lo único que aparentemente no tenía nadie era demasiado apuro.

Hasta que Sandra Domene, abogada de la familia Ramasco, decidió convertirse en una mujer incómoda. Preguntó, insistió, denunció y llegó a tomar un megáfono frente a Ciudad Judicial para reclamar que hicieran algo. Después apareció el Colegio de Abogados y Procuradores de Salta, a partir de lo conocido durante una mediación entre profesionales. Domene ya había advertido sobre el material. Ahora otra institución reclamaba una actuación. Y entonces sucedió ese pequeño milagro que suele producir la presión pública: la Justicia descubrió que también sabía apurarse.

Domene pidió además que se investigara a peritos e integrantes del CIF por no haber denunciado oportunamente el material que, según sostiene, estaba dentro del teléfono. Aquí las excusas administrativas empiezan a quedarse sin oxígeno. El aparato estaba bajo custodia del CIF. El CIF integra la estructura investigativa del Ministerio Público Fiscal. Y el hombre que conduce el Ministerio Público Fiscal se llama Pedro García Castiella. El poder suele disfrutar de las jerarquías cuando sirven para mandar. Curiosamente, cuando llega el momento de responder, todos descubren las virtudes de la descentralización.

Hay funcionarios que fracasan y se van. Otros, más afortunados, fracasan y ascienden. Y existe una tercera categoría, probablemente la más sofisticada: los que fracasan tantas veces que terminan convirtiendo el fracaso en una institución. García Castiella parece sentirse cómodo allí. Cada nuevo escándalo encuentra una explicación, cada demora encuentra un tecnicismo y cada sospecha de cercanía con el poder encuentra un comunicado. Lo fascinante es que nunca pasa nada. Quizás esa sea, después de todo, la verdadera especialidad de cierta Justicia salteña: conseguir que pase de todo sin que nunca parezca haber pasado nada.

Y vuelve Sofía Cornejo Solá. Otra vez la fiscal especializada en Ciberdelincuencia. Otra vez su nombre cerca del de García Castiella. Otra vez ambos alrededor de una controversia que devuelve la misma pregunta que el Ministerio Público parece incapaz de desterrar: ¿cuánto de Justicia y cuánto de política existe realmente dentro de la Justicia salteña?

No sabemos si alguien dio una orden para proteger a Vaccarella. No existe una prueba pública que permita afirmarlo. Pero las órdenes son apenas la forma más primitiva de ejercer el poder. Los sistemas verdaderamente eficaces funcionan de otra manera: nadie necesita ordenar demasiado cuando todos conocen perfectamente hasta dónde pueden llegar. Por eso la pregunta no es solamente si alguien levantó un teléfono. La pregunta es si el Ministerio Público tiene verdadera independencia para investigar a cualquiera, incluso cuando investigar a ese cualquiera pueda resultar incómodo para alguien poderoso.

En las viejas casas inglesas existía una regla bastante sensata: cuando la plata comenzaba a desaparecer, se cambiaba al mayordomo, aunque este jurase con lágrimas que ignoraba quién tocaba los cubiertos. En Salta somos más sentimentales. Aquí podemos perder la confianza, la independencia y hasta algún expediente, pero conservamos al mayordomo por cariño. García Castiella continúa al frente de una Procuración sobre la que vuelven, con monotonía casi borbónica, las sospechas de proximidad con el poder. Quizás sea inocente de todas ellas. Pero hasta César —que jamás conoció Ciudad Judicial— sabía que ciertas virtudes, además de poseerse, debían parecer.

Una Justicia que vuelve a quedar bajo sospecha

El Intra Salta ya sostuvo que García Castiella tiene que irse. Este episodio agrega otro argumento. No porque pueda atribuirse personalmente al procurador cada acto de un investigador, sino porque el jefe del Ministerio Público es responsable de algo bastante más importante: garantizar la credibilidad y la independencia de la institución que conduce. Cuando demasiados episodios terminan acompañados por cuestionamientos sobre su proximidad con el poder político, el problema deja de ser una cuestión de imagen. Se convierte en un problema institucional.

García Castiella podría terminar con buena parte de esta historia publicando algo terriblemente peligroso para cualquier poder: los hechos. Cuándo llegó el teléfono al CIF. Cuándo se extrajo su contenido. Quién lo analizó. Qué informó. Por qué el material no fue denunciado antes. Cuándo intervino Ciberdelitos. Qué actuación tuvo Sofía Cornejo Solá. No necesitamos otro discurso sobre la independencia judicial. Necesitamos fechas.

Porque queda una pregunta que ningún comunicado puede maquillar: si Sandra Domene se hubiera quedado callada y el Colegio de Abogados no hubiera intervenido, ¿qué habría pasado con ese teléfono?

Y queda otra todavía más incómoda: ¿hasta cuándo la Justicia de Salta va a convivir con las sospechas de connivencia con el poder de turno?

Tal vez exista una explicación impecable. Tal vez todo haya sido burocracia, negligencia y una extraordinaria sucesión de casualidades. Tal vez García Castiella y Sofía Cornejo Solá simplemente tengan la desgracia de aparecer una y otra vez cuando esas casualidades ocurren.

Coincidencias que incomodan

Pero el poder tiene un problema con las coincidencias.

Cuando se repiten demasiado, dejan de parecer accidentes.

Y empiezan a parecer método.