(BUENOS AIRES).- “No me gusta la palabra aceptación y es por mi mamá”, reconoció Lizy Tagliani al recordar la lección que le dejó su madre cuando era chica y que hoy define su firme postura ante la transfobia.
En una charla íntima con La Sillita Podcast, la conductora y actriz reflexionó sobre lo que significa la “aceptación” de la sociedad y cómo la atravesó un episodio puntual de su infancia escolar. Fue un mal momento con sus compañeros lo que la llevó a recibir una mano que, en lugar de consolarla del todo, terminó por activar una respuesta inesperada de su mamá.
Tagliani recordó que aquel día en el colegio la pasó muy mal y terminó llorando. En medio de esa angustia, sintió el alivio de que alguien se pusiera de su lado.
“Una vez mis compañeros me hicieron pasar un mal momento en el colegio. Yo estaba muy mal, llorando, y se me acercó una chica y me dijo: ‘Yo te acepto. A partir de ahora voy a ser tu amiga y nunca más te van a hacer nada. Vas a estar bien y voy a estar con vos’”, relató la artista.
Conmovida por ese gesto, apenas llegó a su casa le contó la novedad a su mamá. “No sabés. Tengo una amiga que me dijo que va a estar conmigo siempre y que me acepta como soy”, le dijo, esperando una reacción de alegría.
Pero la respuesta que recibió no fue la que imaginaba. Lejos de celebrar la “aceptación” de la otra nena, su madre reaccionó con firmeza y le preguntó: “¿Que te qué? ¿Y ella te preguntó a vos si la aceptas como es? ¿Quién es para decir que te acepta?”.
Esa pregunta cambió su manera de pararse en el mundo. Desde entonces, Lizy Tagliani aseguró que no pide permiso para vivir. “A partir de ahí no pido permiso. Hago, vivo y listo”, cerró, convencida de que su mamá le enseñó que nadie tiene que aceptarla para que ella sea quien realmente es.
La reflexión de Tagliani llegó en un contexto donde la conductora viene alzando la voz contra la discriminación. En los últimos meses, la artista atravesó situaciones de exposición pública que involucraron denuncias mediáticas y discursos de odio, y en cada aparición reforzó su postura de no retroceder frente a quienes pretenden cuestionar su identidad. Aquella charla de la infancia, contó, fue el cimiento de una fortaleza que todavía la sostiene: la convicción de que nadie está en posición de otorgarle un permiso que ella nunca pidió.
