(BUENOS AIRES).- “Me lo explicaron mal. Me dijeron: ‘Esto es para que se lo lleve’. ¡Me lo llevé!”. Con esa frase, Mario Pergolini resumió la insólita anécdota que vivió en un hotel, cuando un malentendido lo puso en una situación incómoda. En su programa Otro día perdido (Eltrece), el conductor relató cómo fue interceptado por un empleado al intentar llevarse dos almohadas con fundas personalizadas.
La historia surgió durante una charla sobre posturas para dormir con Evelyn Botto. Mario Pergolini había confesado que la posición de “cuchara” no le resulta nada cómoda. “No es sexy, no es nada. Se me empieza a dormir el brazo”, dijo, y su compañera mencionó la existencia de almohadas especiales para aliviar esa presión.
Ahí Pergolini reveló su propia búsqueda: “Me compré como setenta clases de almohadas”, contó. Esa confesión derivó en el recuerdo de la noche en que él y su esposa eligieron alojarse en un hotel “serio” para evitar quedarse en casa durante una fiesta que organizaba su hija.
Al llegar, el establecimiento les dejó un detalle especial: “Nos bordaron los almohadones con las iniciales de cada uno. M.P.”, recordó el conductor. Las fundas llevaban sus iniciales y, según él, le dijeron que eran un regalo.
El problema vino al irse. “Cuando le digo a mi mujer: ‘Bueno, nos vamos, llevémonos lo de la cama’”, relató. Bajó con las dos almohadas en la mano, pero en la recepción un empleado lo frenó: “La almohada la tiene que dejar, es solo la funda”, le aclararon.
Pergolini interpretó que la advertencia era porque había tomado también la de su esposa. “Me lo explicaron mal. Me dijeron: ‘Esto es para que se lo lleve’. ¡Me lo llevé!”, repitió entre risas, y agregó: “Yo iba con dos”. De esa forma, el malentendido quedó al descubierto: solo las fundas eran el obsequio, no el relleno.
El episodio cerró una conversación que había arrancado con almohadas y derivó en una postal de vergüenza ajena. La anécdota, contada con el humor característico de Mario Pergolini, se sumó a otras confesiones recientes del conductor en Otro día perdido. Días atrás, el propio Pergolini había recordado el día de su casamiento y la frase que su suegro le dijo a su esposa segundos antes de entrar a la iglesia: “Estaban por abrirse las puertas y sonar la marcha nupcial, y mi suegro le dijo: ‘Si querés, nos vamos. Lo del civil lo arreglo yo’. Fue hasta el último instante que le ofreció esa salida”.
