(BUENOS AIRES).- “Han estado ahí mucho antes que nosotros. Vivimos en su planeta”, explicó el director Louis Leterrier sobre los seres que acechan en La última casa, el thriller de ciencia ficción que Netflix acaba de sumar a su catálogo. La frase condensa la vuelta de tuerca del filme: las criaturas no vienen del espacio, sino de las profundidades oceánicas.
El guion de Matthew Robinson sigue a la familia Delgado durante más de un lustro de confinamiento. Greta Lee y Wagner Moura interpretan a Ann y Jason, los padres que junto a sus hijos Graham y Ruth deben sobrevivir con puertas y ventanas selladas por una fuerza invisible. Leterrier, que venía de dirigir Fast X y El increíble Hulk, cambió el formato de filmación de 35 mm analógico a digital justo en el salto temporal para acentuar esa transición.
La verdadera naturaleza de los seres se revela sobre el cierre. No son alienígenas, sino antiguos habitantes marinos que poblaron la Tierra antes que los humanos. Según la lógica del relato, el calentamiento global y la contaminación extremos “hirvieron los océanos” y los empujaron a salir a la superficie. La película de Netflix invierte así el género de invasión alienígena con una explicación que vincula la amenaza al cambio climático.
El aspecto fluido de las criaturas nació casi por accidente. El diseñador de producción Kevin Jenkins contó que la forma definitiva “surgió del segundo dibujo que le envié a Louis”. La figura se construyó como un animatrónico de silicona manipulado por un titiritero en el set inundado, y los efectos visuales terminaron de darle vida. El recurso práctico se combinó con tanques reales de agua para las escenas acuáticas, en las que el elenco se entrenó durante cinco sesiones de buceo a cargo del coordinador Ian Creed.
Para hacer verosímiles las tácticas de supervivencia, la producción recurrió a la consultora Megan Hine. “Pensar fuera de lo convencional en una situación de supervivencia es absolutamente clave”, dijo la especialista. Entre los recursos más ingeniosos está la “pesca por la chimenea”: una trampa que Jason tiende desde el techo, complementada con un sistema de recolección de agua para regar cultivos internos. El equipo de Jenkins diseñó la casa partiendo de su estado tras cinco años de deterioro, pero sin que pareciera demolida: “Esta gente sigue viviendo ahí como una familia”, aclaró.
El desenlace llega cuando Jason, a instancias de su hija Ruth, entiende que una de las criaturas atrapadas no busca atacar sino comunicarse. Moura resumió así el arco de su personaje: “Lo que quería no era lo que necesitaba”. El director interpretó ese gesto como una invitación a “aprender a convivir” con el mundo natural.
La película de Netflix cierra con Ruth lanzando un mensaje radial: “¿Hay otros supervivientes ahí fuera?”, y una voz distorsionada que responde “¿Hola?”. Leterrier no reveló de quién se trata, aunque aseguró que es alguien “muy icónico” y que el espectador nunca lo sabrá con certeza. La imagen final muestra la Space Needle prácticamente cubierta por el agua y a la familia Delgado navegando hacia un horizonte abierto en una Seattle sumergida.
