(BUENOS AIRES).- River no le encuentra la vuelta a la crisis que lo arrastra. La derrota como local frente a Rosario Central en el Monumental fue la quinta caída consecutiva del equipo de Eduardo Coudet y dejó al descubierto un presente sin identidad de juego.
La falta de reacción ante el Canalla generó un clima de fuerte malestar en el estadio, donde los cuestionamientos apuntaron tanto al cuerpo técnico como a la conducción del club. La paciencia de los hinchas, acostumbrados a ver al equipo pelear arriba, empieza a agotarse frente a una racha que ya es una de las peores del ciclo reciente.
El Millonario acumula cinco derrotas al hilo y sigue sin encontrar el rumbo esperado. Cada presentación agranda las dudas sobre el funcionamiento colectivo y la confianza del plantel, que no logra reaccionar cuando los partidos se ponen cuesta arriba. La caída frente a Rosario Central volvió a evidenciar esas falencias y metió al equipo en una racha negativa que incrementa la presión sobre Coudet y todo el plantel.
Millonaria apuesta sin respuestas deportivas
En los últimos mercados de pases la dirigencia realizó una inversión económica de jerarquía para reforzar al equipo con campeones del mundo y futbolistas de extensa trayectoria internacional. La apuesta alimentó la ilusión de volver a dominar el fútbol argentino y competir al máximo nivel en el continente, pero esa plata todavía no se tradujo en resultados.
Más allá de los nombres propios, River muestra dificultades para construir juego, pierde solidez defensiva en momentos clave y carece de respuestas cuando la adversidad golpea. La derrota como local ante Rosario Central volvió a exponer una realidad incómoda para el club de Núñez: el equipo no consigue transformar el potencial de su plantel en rendimiento dentro de la cancha.
Tras el último encuentro, las críticas también apuntaron a la planificación deportiva y a las decisiones tomadas en los mercados de pases. La expectativa generada por los refuerzos contrasta con un presente en el que River no logra competir con la autoridad que históricamente caracterizó al club. El equipo perdió confianza, le cuesta reponerse ante la adversidad y cada nuevo compromiso se transforma en una obligación para intentar cambiar la imagen.
A la preocupación por los resultados se suma un dato que refleja la magnitud del momento: la falta de victorias empieza a transformarse en un problema tanto desde lo futbolístico como desde lo anímico. River atraviesa una de sus peores rachas recientes y el desafío ahora es enderezar el barco antes de que la crisis se agrave. Para volver a ser protagonista, el conjunto de Núñez necesita mucho más que una billetera abierta: necesita recuperar un funcionamiento colectivo que, por ahora, no aparece.
