(BUENOS AIRES).- «Mis nietos me rejuvenecen. Que se siga agrandando la familia es bárbaro». La frase de Chiche Gelblung resume el espíritu de la casa que el periodista eligió como refugio: una quinta en Pilar, provincia de Buenos Aires, donde pasaba los fines de semana junto a su esposa, Cristina Seoane, y su familia. Gelblung murió el miércoles 9 de septiembre de 2026, a los 82 años, después de atravesar varias internaciones y un delicado estado de salud, y esa propiedad quedó asociada a su vida familiar más íntima, lejos de la Ciudad de Buenos Aires.
La vivienda principal era de estilo tradicional y estaba pensada como un refugio de descanso. El parque, amplio y rodeado de árboles y grandes arboledas, era uno de los sectores centrales del terreno, con senderos internos que conectaban los distintos sectores de la quinta. Ese espacio fue el escenario de las reuniones familiares que marcaron los últimos años de Chiche Gelblung.
La decoración combinaba elementos antiguos y detalles vinculados con la naturaleza. En los ambientes predominaban los muebles de época, la madera, las alfombras y distintos objetos decorativos dentro de una paleta cálida. Los pisos de madera y las obras de arte completaban un estilo clásico, alejado de una decoración minimalista.
Los grandes ventanales permitían el ingreso de luz natural durante el día y conectaban visualmente los interiores con el jardín. De esa forma, los comedores y livings mantenían un contacto permanente con la arboleda, uno de los rasgos más distintivos de la casa.
Un parque pensado para los nietos
El terreno contaba con espacios amplios para descansar y con un área de juegos construida especialmente para los nietos de Gelblung. Ahí estaban la casita de madera, las hamacas y los toboganes sobre el césped, el sector que el periodista vinculaba directamente con su rol de abuelo. La familia era el centro de la quinta: la propiedad fue el hogar que compartió con Cristina Seoane y el escenario elegido para los encuentros familiares.
El quincho, ubicado junto a la piscina, funcionaba como otro punto de encuentro de la propiedad, reservado para los asados familiares. Los animales también formaban parte de la vida cotidiana: Gelblung tenía a los perros Nila, Lupe, Cacho y Tito, además de las gatas Roberta y Reina, que recorrían la casa y el parque. El periodista había expresado su cariño por sus mascotas y señaló en más de una ocasión que sentía por ellas un afecto diferente e incondicional.
La quinta de Pilar reunía así los espacios que marcaron la vida privada de Chiche Gelblung: una casa luminosa, muebles de época, un parque extenso, juegos para sus nietos, quincho, piscina y lugar para sus mascotas. Fue el hogar que eligió para descansar cada fin de semana, siempre con la familia como protagonista de la escena.


