(Por Carolina Mena Saravia para El Intransigente).- Quien busca dónde visitar una bodega en Catamarca debería poner la mirada en Hualfín. Este pequeño pueblo del oeste provincial, rodeado de montañas y atravesado por la Ruta Nacional 40, guarda una tradición vitivinícola que tiene todo por conocer. Allí se encuentra Bodega Federico Mena Saravia, entre viñedos y antiguas construcciones familiares, en un paisaje que explica buena parte de lo que después aparece en la copa.
Hualfín está ubicado a 63 kilómetros de Belén, sobre uno de los grandes caminos turísticos de la Argentina. La bodega se encuentra a 1870 metros sobre el nivel del mar, en un clima continental árido y de montaña, con abundante insolación, escasas precipitaciones y una importante amplitud térmica. Los suelos presentan componentes de arena y arcilla y el riego aprovecha el agua de deshielo proveniente de las alturas.
Altitud, luminosidad, sequedad y noches frescas conforman así las condiciones en las que maduran las uvas del Alto Valle de Hualfín.
Hualfín, tierra de vinos de altura en Catamarca
El vino es la geografía del lugar. Los tonos ocres de las montañas contrastan con el verde de los viñedos, mientras la aridez del paisaje recuerda las condiciones particulares en las que se desarrolla la vid, suelos agrestes y abundancia de sol.
En este escenario se encuentran las catorce parcelas de Bodega Federico Mena Saravia, distribuidas sobre la Ruta Nacional 40. Algunas conservan viñas antiguas y otras corresponden a plantaciones más recientes, incorporadas durante la ampliación vitivinícola de la finca.
Entre las variedades cultivadas destacan malbec, torrontés, tannat y cabernet franc, junto con otras como pinot noir, sangiovese, merlot, grenache, cabernet sauvignon, petit verdot y chardonnay.
Las uvas se cosechan a mano y el manejo de los viñedos sigue principios orgánicos. Las ovejas pastan entre las viñas y contribuyen al abonado natural del suelo, mientras que el orujo resultante de la elaboración vuelve posteriormente a la tierra. Es una forma de trabajo que busca mantener un vínculo estrecho entre la producción y el entorno.
Una finca familiar desde 1668 y cuatro generaciones de bodegueros
La historia de Bodega Federico Mena Saravia está ligada a otra mucho más antigua. La finca de Hualfín permanece vinculada a la misma familia desde 1668, a través de sucesivas líneas hereditarias. Durante más de tres siglos cambiaron los apellidos, pero se mantuvo la continuidad familiar sobre la propiedad.
La vitivinicultura en la zona comenzó en el siglo XX. Fue en 1928, cuando Jorge Leguizamón Dávalos se instaló en Hualfín para hacerse cargo de la propiedad heredada de su padre y comenzó a plantar viñas con una finalidad que excedía el consumo familiar. Aquellas primeras hectáreas de uvas finas dieron origen a la bodega en 1936.
Desde entonces se sucedieron cuatro generaciones de bodegueros hasta llegar a Federico Mena Saravia, actual propietario de la finca, quien impulsó una nueva etapa caracterizada por la ampliación de los viñedos, la incorporación de nuevas variedades y la modernización de las instalaciones.
La historia familiar también aparece en un detalle singular: las distintas parcelas llevan nombres de integrantes y antepasados de la familia. La genealogía se traslada así a la tierra y convierte el recorrido por los viñedos en otra manera de contar la historia de la finca.

Del viñedo a los vinos de Hualfín
Conocer un vino en el lugar donde nace permite comprender aquello que una ficha técnica difícilmente puede transmitir.
En Hualfín, el paisaje está siempre presente. La altura, la intensidad solar, la sequedad y las diferencias de temperatura entre el día y la noche condicionan el ciclo de la vid y la maduración de las uvas.
La producción de Bodega Federico Mena Saravia incluye diferentes expresiones de las variedades cultivadas en la finca, vinos prémium de guarda y blends, así como también malbec, torrontés y criolla chica. En los tintos destinados a una mayor evolución, la elaboración contempla prolongados periodos de crianza y reposo en botella.
Pero la experiencia de degustarlos en Hualfín agrega algo imposible de trasladar por completo fuera de la finca: delante de la copa están los viñedos, los suelos y las montañas que dieron origen al vino.
Así, a modo de prolongación del diccionario, palabras como altura, amplitud térmica o “terroir” dejan de ser conceptos abstractos.
Visitar Bodega Federico Mena Saravia sobre la Ruta 40
La ubicación de la bodega permite incorporarla fácilmente a un recorrido por el oeste de Catamarca. Hualfín se encuentra sobre la Ruta Nacional 40, a unos 63 kilómetros de Belén y a 112 kilómetros de Santa María.
La visita a Bodega Federico Mena Saravia permite recorrer la finca y acercarse a sus viñedos, conocer la historia del proyecto y realizar degustaciones de los vinos elaborados allí. Conviene coordinar previamente la visita con la bodega.
El entorno suma motivos para detenerse. Muy cerca se encuentra la histórica iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Hualfín, fundada en 1770, que forma parte de la propiedad, e integra la historia familiar. La antigua casona, los viñedos y el paisaje de montaña completan una experiencia en la que vino, patrimonio e historia conviven a pocos metros de distancia.
Hualfín conserva, además, algo cada vez más difícil de encontrar en los destinos vitivinícolas consolidados: cierta sensación de descubrimiento. Es una experiencia única, con matices propios. Aquí la escala es diferente, y también lo es la relación con el territorio.
Para quien se pregunte dónde visitar una bodega en Catamarca, hay una respuesta que conduce por la Ruta Nacional 40 hacia el norte de Belén. Allí está Hualfín. Y entre sus montañas, Bodega Federico Mena Saravia cuenta a través del vino una historia familiar que lleva siglos ligada a esa tierra.

