(BUENOS AIRES).- «Si hace más que Beccacece, le hacen una estatua». La advertencia llegó desde un ex entrenador histórico del fútbol ecuatoriano y resume el tamaño del desafío que tiene por delante Marcelo Gallardo, que todavía no comenzó oficialmente su ciclo al frente de la Selección de Ecuador pero ya acumula una expectativa enorme en torno a su llegada.
La comparación con su compatriota no es un detalle menor. Sebastián Beccacece dejó la vara considerablemente alta después del proceso que encabezó con la Tricolor: consiguió clasificar al seleccionado al Mundial y construyó una etapa que fue valorada positivamente por buena parte del entorno del fútbol ecuatoriano. Por eso, Gallardo no llega simplemente para continuar un proyecto, sino que va a tener que intentar superar los registros y las expectativas que dejó su antecesor.
Un desafío diferente para el Muñeco
Gallardo conoce bien lo que significa asumir proyectos con grandes expectativas. Durante su etapa en River consiguió títulos internacionales, ganó la Copa Libertadores y se transformó en uno de los entrenadores más reconocidos del continente. Dirigir una selección nacional, sin embargo, será un desafío distinto: tendrá que trabajar con futbolistas que solamente podrá reunir durante las fechas FIFA y deberá encontrar rápidamente una identidad futbolística.
El panorama que va a encontrar en Quito ayuda a explicar la ilusión que generó su arribo. La Tricolor consiguió instalarse nuevamente entre las selecciones competitivas de Sudamérica y cuenta con jugadores que actúan en las principales ligas europeas. Gallardo tendrá la responsabilidad de sacar el máximo rendimiento de ese plantel y, al mismo tiempo, intentar darle un sello propio.
La vara alta que dejó Beccacece va a condicionar la lectura de cada resultado. Cualquier logro positivo durante el ciclo del Muñeco será medido inevitablemente en comparación con lo realizado por su compatriota, algo que le dejará poco margen para construir su proyecto con tranquilidad. La frase sobre una posible estatua refleja justamente el nivel de ilusión que existe alrededor de su llegada: si supera lo conseguido por quien lo precedió, su nombre podría quedar asociado a una etapa histórica del seleccionado.
Uno de los grandes argumentos a favor de Gallardo es su experiencia en torneos internacionales. El argentino está acostumbrado a preparar equipos para partidos decisivos y a convivir con la presión de instancias en las que un error puede significar la eliminación. Ese recorrido puede resultar determinante para una selección que pretende dar un salto de calidad y dejar de conformarse únicamente con clasificar a los grandes torneos.
El plantel, además, le ofrece herramientas para ese objetivo. Jugadores jóvenes y experimentados conviven en un grupo que pretende sostener el crecimiento de los últimos años, y Gallardo tendrá que encontrar el equilibrio para construir un equipo capaz de competir contra las grandes potencias sudamericanas. La comparación con Beccacece será inevitable durante los primeros meses: el antecesor dejó una base importante y el nuevo entrenador va a tener que demostrar que puede llevarla todavía más lejos. Ahora, la palabra la tiene el Muñeco, que deberá transformar toda esa expectativa en resultados dentro de la cancha.
