ESPECTÁCULO

«Yo facturaba…»: El negocio secreto de Jimena Monteverde antes de ser famosa

 

La cocinera le llevó sus alfajores caseros al programa Otro Día Perdido y reveló que con ese emprendimiento llegaba a facturar 2.500 dólares por fin de semana.

 
Jimena Monteverde
Jimena Monteverde

(BUENOS AIRES).- «Estás dentro de los tres mejores alfajores que comí en toda mi vida». La definición no salió de un catador profesional, sino de Mario Pergolini, que la escuchó directamente de la boca de Jimena Monteverde: la cocinera le llevó unos alfajores caseros al programa Otro Día Perdido y ahí repasó cómo empezó todo, mucho antes de la televisión y las recetas.

«Yo tenía un kiosquito en el polo donde vendía mis alfajorcitos», contó Jimena Monteverde sobre su primer emprendimiento gastronómico. Todo era producción propia: ella amasaba, armaba y vendía los alfajores sin intermediarios, en un negocio que arrancó como una changa y terminó moviendo números considerables.

La escala del operativo sorprendió al conductor. Monteverde elaboraba entre 500 y 1000 alfajorcitos por fin de semana, lo que equivale a unas 2000 tapas horneadas con sus manos. «Me quedaba hasta la madrugada y vendía esos alfajorcitos», recordó sobre esas jornadas de trabajo que se extendían más allá de la medianoche, para salir a vender al día siguiente.

Los números acompañaban el esfuerzo. «En ese momento eran un alfajorcito, un dólar», precisó la cocinera, y con ese precio unitario llegó a un punto que pocos emprendimientos caseros alcanzan: «Llegué a facturar 2.500 dólares en un fin de semana de alfajorcitos». No obstante, la venta tenía su vencimiento: hacia las cinco de la tarde, si quedaba mercadería, hacía remates, porque los alfajores perdían la crocantez que los hacía especiales.

El empujón de El Cholo

Esa crocantez es justamente lo que Pergolini destacó al probarlos en el estudio. «Rescato la crocantez y fineza de la capa sin que se rompa, porque cuando lo mordes no se rompe todo, se muerde donde rompes», analizó el conductor, que recibió una caja con ejemplares dedicados, incluido uno con la inscripción «mar y familia», lo que desató una conversación chistosa sobre si esa dedicación incluía o no a toda la mesa del programa.

Pero el punto de giro en la carrera de Jimena Monteverde no fue el kiosco, sino una propuesta de El Cholo Castañón, que se había vuelto fanático de los alfajores. «Y el cholo me dijo, ¿no te animás a dar los viernes una receta? Porque sabía que vos eras cocina», recordó la cocinera. Ese empujón la llevó de la venta ambulante a dar recetas en un medio, el primer paso de una faceta mediática que la terminaría consolidando como referente gastronómica.

El negocio de los alfajorcitos, igual, quedó en el pasado por decisión propia. Jimena Monteverde explicó que dejó de vender porque «tenía otras necesidades en ese momento, si no, no estaría vendiendo el favorcito». Hoy, con esa historia sobre la mesa y sus alfajores entre los tres mejores que Pergolini comió en su vida, la cocinera se comprometió a mandarle más ejemplares al conductor y a su familia.