ESPECTÁCULO

8 capítulos para ver: la miniserie perturbadora, solo para adultos, que conquista a Netflix

 

La hija de Annette Bening y Warren Beatty encarna a la asesina con hacha de la década de 1890 en la cuarta entrega de la antología de Ryan Murphy.

 
Netflix
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(BUENOS AIRES).- «Cuando la reprimida hija de una acaudalada familia de Nueva Inglaterra y su rebelde criada se ven atrapadas en una casa construida sobre la humillación y la crueldad, escapan refugiándose en una fantasía de sexo, poder y venganza». La sinopsis oficial adelanta el corazón del argumento de Monstruo: la historia de Lizzie Borden, la nueva entrega de la antología de Netflix que ya tiene a su protagonista confirmada.

El relato continúa con un dato que define el tono de la serie: «Los macabros asesinatos sin resolver no solo conmocionan al mundo, sino que dan origen a un icono que se niega a vivir enjaulado, eligiendo en su lugar forjar su propia leyenda: impactante, monstruosa y gloriosamente libre». La descripción encierra la apuesta dramática del programa: no se limita a reconstruir un crimen, sino que sigue la construcción de una figura que trasciende el hecho sangriento.

Quien encarna a ese personaje es Ella Beatty, hija de Annette Bening y Warren Beatty, que interpreta a la infame asesina con hacha de la década de 1890 que mató a sus padres. Para la joven actriz, el papel representa un desafío de peso: convertirse en una de las figuras más oscuras de la historia criminal estadounidense, en la cuarta entrega de la serie de antología creada por Ryan Murphy e Ian Brennan.

El punto de partida del argumento es un caso real: los asesinatos de Lizzie Borden, ocurridos en la década de 1890, que quedaron sin resolver. Esa indeterminación es la que la ficción aprovecha. Según la sinopsis, los crímenes conmocionaron al mundo y dieron origen a un icono popular, y es justamente ese vacío sin culpable probado el espacio donde la serie despliega su versión de los hechos.

La trama y su lugar en la cultura popular

La historia se concentra en dos mujeres: la hija reprimida de una familia adinerada de Nueva Inglaterra y su criada, de espíritu rebelde. Ambas viven encerradas en una casa construida sobre la humillación y la crueldad, y su salida es una fantasía compartida de sexo, poder y venganza. Esa relación de opresión y liberación funciona como el motor emocional de la historia, antes incluso del estallido de violencia que la vuelve célebre.

La elección del caso por parte de Murphy y Brennan no es casual. Los asesinatos de Lizzie Borden inspiraron rimas infantiles e innumerables representaciones en los medios a lo largo de más de un siglo, lo que convirtió a la mujer en una leyenda cultural mucho más allá del expediente judicial. La serie de Netflix se propone revisitar ese material y darle una nueva dimensión, desde la mirada de sus dos protagonistas femeninas.

Los propios creadores presentan esta cuarta entrega como la más salvaje de la antología hasta la fecha, un salto de intensidad dentro de un formato que ya recorrió otros casos infames. La combinación del argumento de opresión doméstica y venganza, la actuación de Ella Beatty y un crimen que la cultura popular nunca terminó de cerrar definen la propuesta con la que Netflix suma un nuevo capítulo a su catálogo de ficciones basadas en hechos reales.