(BUENOS AIRES).- “Fue muy fuerte lo vivido en River, hablo de River y se me pone la piel de gallina. Lo que se vive ahí no se vive en ningún otro lugar del mundo”, dijo Nicolás Fonseca en una charla con DSports Radio, en su primera gran declaración después de dejar River para convertirse en refuerzo de Coritiba. El volante ítalo-uruguayo de 27 años, que acaba de instalar sus valijas en Brasil para afrontar el Brasileirão, decidió repasar su ciclo en Núñez lejos de cualquier crítica y con un tono claramente orgulloso por lo que dejó atrás.
El paso por el club de Núñez llegó a principios de 2024, después de sus comienzos en Montevideo Wanderers, y para el jugador representó un salto enorme en su carrera. Aun así, cuando lo consultaron por aquella adaptación de golpe desde el fútbol uruguayo a la presión de un gigante, no guardó nada: “No cambiaría nada, venía de jugar en un club muy humilde y me tocó un monstruo como River. Es fútbol, no me parece algo malo”, detalló Fonseca.
Dentro de la cancha, su rendimiento fue irregular y nunca terminó de consolidarse como titular, aunque la confianza del cuerpo técnico estuvo: Martín Demichelis lo veía como el volante central titular por sobre Enzo Pérez. En total, el mediocampista disputó 28 partidos oficiales con la camiseta millonaria y convirtió un solo gol, que llegó nada menos que en la Copa Libertadores.
La espina que quedó clavada
Más allá del balance positivo, hay un recuerdo que Fonseca borraría de su historial si pudiera. La eliminación en la semifinal de la Libertadores 2024, que dejó a River en la puerta de la gran final continental, sigue doliendo en el alma del volante. “Solo cambiaría el resultado de la semifinal de esa Libertadores”, remató el futbolista.
Ese sinsabor convive, sin embargo, con un plantel del que Fonseca guarda el mejor de los recuerdos. El jugador contó cómo se vivía día a día en un club donde la exigencia no baja nunca: “En River había un ambiente bárbaro, sabemos la presión que hay, pero el grupo estaba muy bien. Salimos campeones, llegamos a una semifinal de Libertadores”, explicó, poniendo en valor al grupo humano que lo acompañó durante su estadía en Argentina.
El repaso del mediocampista no dejó espacio para las quejas ni para las críticas hacia la institución que lo contrató desde Montevideo. Todo lo contrario: en cada respuesta dejó en claro lo que significa vestir la banda roja, desde el Monumental lleno hasta la rutina diaria en Núñez, una experiencia que, según sus propias palabras, no se repite en ningún otro lugar del mundo. A sus 27 años, se lleva en la valija la experiencia de haber salido campeón y de haber llegado a instancias definitorias del torneo continental más importante de la región.
Hoy la etapa argentina quedó atrás y el desafío cambió de rumbo: Coritiba lo espera para arrancar su camino en el fútbol brasileño, uno de los más exigentes del continente. El verde césped de Núñez quedó en el pasado, pero el sentimiento parece intacto: cada vez que el volante hable de River, confesó, se le va a volver a poner la piel de gallina.
